BABOSADAS MIAS Y DEMAS HIERBAS

LA CHACHI, ALOCADA PERIODISTA MUY CHAPINA

25 octubre 2006

AL DE SOLAPA, SE LO LLEVAN DE CORBATA

Me encanta ver películas y programas que tratan de las peripecias que hacemos los periodistas para lograr una historia. Pocas veces la gente sabe de todos los tangos que nos toca zapatear, para quedar bien; pelar los dientes como gato muerto y, casi siempre, caer como mango shuco, porque para algunos funcionarios y políticos somos, literalmente, "una raza maldita".
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Aun cuando no lo digan públicamente, sabemos que nos llaman así porque, entre un montón de cosas, lo hemos escuchado a través del travieso micrófono de solapa; que tantas veces, por distracción o falta de costumbre de los entrevistados, nos ha hecho pasar momentos de verdaderas carcajadas.
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Quiero compartirles algunas anécdotas, tanto mías como de compañeros periodistas internacionales, que mejor es contarlas, porque en la tele difícilmente aparecerán. De esas charadas que pasan en la marcha, donde el microfonito se lleva de corbata, a los que se lo llevan puesto en la misma.
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Para que sepan, los que no están al tanto, el micrófono de solapa está conectado a la cámara por alambres o por control remoto. El camarógrafo puede escuchar todo lo que hable el entrevistado. Una vez, fuimos a entrevistar a un joven sacerdote de pueblo y antes de que se nos arrepientiera, se lo instalamos en el cuello; pero antes de pararse frente a la cámara, dio una revuelta y nos dijo:
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- Espérenme un ratito mejor, sólamente voy a ir a cerrar una puerta que dejé abierta.
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Yo todavía le dije que me esperara, para apagarle el micrófono, pero ni caso me hizo. Se fue corriendito y se metió en la sacristía. Me paré al lado del camarógrafo y, por el audífono que estaba a volumen alto, efectivamente escuchamos que una puerta se cerró, pero después se oyó como que abrió un chorro y luego que echó agua en la taza el baño. Bueno, algo normal. Pensamos que pronto regresaría.
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Pero luego, escuchamos que empezó a hablar solo, según parece, frente al espejo, y decía:
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- Ay Dios mío, a la hora que se les ocurre a éstos venir... Ve, yo todo despeinado...Y este pelo que no se me asienta... De paso que hoy ni me bañé...Y ahora, qué les voy a decir, bueno a saber qué me van a preguntar... Ah, yo me voy a hacer algo el baboso... de todos modos...Bueno, voy a salir; ojalá se vayan luego, porque yo tengo hambre y me quiero comer unas mis champurraditas... Ay qué rico, qué rico... Que no se me olvide preguntarles cuándo sale al aire, para decirle a mi abuelita que me mire en la tele...
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Nosotros estábamos torcidos de la risa, pero nomás se apareció el curita con el pelo mojado y mejor peinado, nos pusimos muy serios; y él, con una gran sonrisa, nos dijo:
- Va a ser rapidito, ¿verdad? Es que todavía tengo qué confesar fieles.
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Lo de las confesiones, lo más probable, sería después de bañarse y de comerse su muñeco de champurradas, a las que ni nos invitó.
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A otros compañeros les pasó algo parecido, al hacer un reportaje de una familia de ciegos en Perú. El reportero iba a entrevistar a uno de ellos y la escena sería caminando por una especie de jardín, mientras llevaban unas cubetas con leche, pues ordeñaban vacas. Se llevó del brazo al protagonista y, en eso, el reportero recordó que no había llevado las cubetas y salió corriendo por ellas. Lo dejó allí parado al pobre, medio perdido en un redondel. Con el bastón, el señor empezó a querer regresar, pero a donde daba un palazo, se topaba con algo.
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Mientras tanto, el camarógrafo miraba de lejos y escuchaba todo:
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- ¿Dónde me vendría a dejar este periodista hijo de puta?... - y daba un palazo, buscando camino. -¡Ah, su madre!... Y ya se tardó... Pero cuando venga, lo voy a maltratar al hijo de puta..."
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A ayudarlo iba el camarógrafo, cuando vio que el reportero venía corriendo y medio agitado le dijo al no vidente:
- Ya regresé, don Antonio; no encontraba los cubos de leche.
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El señor, cambió su expresión y, con una sonrisa de oreja a oreja, le dice:
Ay, qué bueno, hermano!
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¡Vé!, hijos de la misma madre resultaron después de que lo maltrató, según él, en secreto.
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Pero el que se lleva los premios, si los hubiera, es uno que hace unos 12 años, en El Salvador, acaparó toda la atención de su pueblo, pues proclamó a los cuantro vientos que iba a volar, tirándose de un cocotal, ayudado por unas alas construídas con varitas de barrilete y muchas hojas de pacaya. Y hasta convocó a la prensa, para que lo televisaran.
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Presentes en el lugar de la famosa hazaña, mis compañeros salvaron responsabilidades a través de "releases" o sea, algo que documenta que el medio de comunicación no tiene nada que ver con lo que pase, y sólamente filmarán, cubriendo la nota. No vaya a ser que se fuera a matar el fulano, por sus propias ocurrencias. De todos modos ya habían llamado a los bomberos, que llegaron también a reírse, en lugar de persuadirlo de no hacer eso, o de colocar una cama de salvamento.
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Parece que no era primera vez que al hombre se le ocurría una osadía.
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Lo entrevistaron y contó, con grandes detalles, que tenía la seguridad de que iba a volar, porque ya había estudiado cómo hacerlo; pero antes de poder quitarle el micrófono de solapa, el hombre salió corriendo, dio una vuelta en carrera por el parque y procedió a encaramarse a la palmera con gran rapidez. Ya se sabía cuál iba a ser el desenlace del volador, pero de todos modos mis compañeros optaron por quedarse, para ver qué pasaba, cuando se arrepintiera.
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La gente del pueblo se aglomeró y hasta parece que llegaron de otros lugares a ver al hombre surcar los cielos como zopilote; o lo contrario, tronar a sapo.
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El fulano se paró y abrió las hojas de pacaya. Miraba hacia abajo y la gente le gritaba:
- ¡Tirate, pues, volá! - ¡Sí! ¡Sí! - vociferaban todos, muertos de risa.
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Entonces, ayudados por el zoom de la cámara vieron que el hombre empezó a cambiar de color. Se puso pálido y decía en voz baja y casi llorando, hasta allá arriba:
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- Por la gran puta, quién me mandariya a mí a venir a decidir que iba yo a volar, pué... ¿Y ahora qué hago, pué?.. Siento que ya me cagucello... ¿Y si me cago?... ¡Puta! Qué vergón, dije yo, ¿verdá?... Pero ahora, ¿qué? Ni modo; si no me tiro... me van a comer vivo por andar hablando babosadas... ¿Me tiro o no me tiro?.. ¡Ala, puta! Pero, ¿quién me manda, pué?...
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El reportero, al escuchar tales sufrimientos del intrépido volador, habló con los bomberos y entre dos, lo fueron a bajar del cocotal.
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Y rapidito, a quitarle el micrófono, no fuera a ser que decidiera intentarlo de nuevo y, por lo visto, lo más probable era que diera el ranazo con todo y el micro. Pero esta vez, el famoso aparatito sirvió para salvarle la vida a un pobre loco, que por poco vuela al cielo, por andar haciéndose el superman.

Por eso, si alguna vez les hacen una entrevista, ándense moscas con el microfonito de solapa, no sea la mala suerte de que se lo lleven de corbata y digan "cositas", que no quisieran que alguien más escuchara.
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Dedicado a todos mis alegres compañeros de Latinoaméerica y USA, especialmente a los camarógrafos, que tantas pasadas de éstas podrán contar.

Foto Superman?: http://www.elinodoro.com/

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4 Comments:

At viernes, 20 octubre, 2006, Anonymous SR said...

Está jodido olvidarse del micrófono vos chachi, pero yo digo, tan mulas también que se ponen a hablar solos!
la foto está buenísima

 
At viernes, 20 octubre, 2006, Blogger Goathemala said...

Jeje, es que no veas el peligro que tenéis los periodistas...

Saludos.

 
At viernes, 20 octubre, 2006, Blogger Andy said...

por eso hay que tener cuidado de lo que se dice porque no sabes quien pueda estar escuchando, jajaja.

gran historia la del guanaco.

 
At lunes, 23 octubre, 2006, Anonymous Tepescuintle said...

¡¡¡Jajajajaja!!!, ese guanaco si que... le dio honor a su nombre, era GUANACO, así en mayusculas, en subrayado, en negrilla y en letrero luminoso.

Como siempre Chachi, exelente y graciosa historia.

¡¡¡Salu2!!! :)

 

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