BABOSADAS MIAS Y DEMAS HIERBAS

LA CHACHI, UNA ALOCADA PERIODISTA MUY CHAPINA.

23 diciembre 2011

CHITO, EL MAPACHE QUE ENCONTRÓ LA NAVIDAD (Segunda Parte)

Lo primero que Chucho le advirtió fue tener cuidado con los automóviles.  Le comentó que cuando estaban parados, tenían unas ruedas negras muy útiles para ir al baño, y que cuando pasaban despacio frente a su casa, también le daban ganas de perseguirlos, pero eran muy veloces y que en las grandes ciudades había muchos llenos de luces y ruidos.  
 Lo más difícil fue atravesar las carreteras. Chucho también le comentó que muchos perros, bandidos (mapaches)  y otros animales morían en su intento por pasar las calles, pero sólo había que aprender a atravesarse.  
 

Caminaban  hacia la gran ciudad, escapándose de los automóviles y sus mortales llantas, Chito se moría de miedo, pero la ilusión por conocer la Navidad, lo hacía levantar el ánimo. Y librando la batalla de las carreteras, lograron llegar a la gran ciudad.  Estaba sumamente anonadado ante tantas luces  y alegría.  La gente caminaba por todos lados.  Emocionado por encontrar lo que buscaba entre tanta luz, pregunto a  Chucho.

-Y dónde está la Navidad?

- Navidad, allí - le respondío el perrito, señalándole las vitrinas de las tiendas. Navidad, comprar, comprar y comprar.

Curioso por ver de cerca de lo que se trataba la Navidad, Chito pegaba su naricita al vidrio de las vitrinas y observaba a la gente, haciendo grandes colas para pagar artículos, que luego envolvían en regalos.  

Distraídos estaban viendo a tanta gente alrededor, cuando un hombre armado con una escoba, les dio a ambos tremendo escobazo, mientras las mujeres gritaban y salían corriendo.  Antes de recibir el segundo golpazo, se dieron a la fuga...

Chito sentía en su corazón, una tremenda decepción.  No podía creer que la Navidad era eso: Correr, comprar y vender.  Eso era demasiado frío.  Y aún cuando las luces y los adornos de la gran ciudad se veían hermosos, dentro de su alma, él creía que algo o alguien mucho más grande había detrás de todo eso. Que la Navidad era un acontecimiento para el mundo entero y que tenía que significar algo más que lo que estaba viendo a su alrededor.  Había olvidado el nombre que el Abeto le había dicho en el bosque, pero sabía que podía encontrarlo.

Chucho se miraba muy contento paseado por New York City y al llegar a Central Park le dieron ganas de hacer pipi, por lo que se detuvieron en la esquina de la estatua de un hermoso caballo que estaba parado en un enorme pedestal.  Montado en él, lucía un señor muy elegante, un poco circunspecto y rígido.

- ¡Hey, sinvergüenza, no orines mi pedestal!-  le gritó el señor a Chucho.   Avergonzados, se disculparon con aquel elegante personaje, quien les dijo llamarse Simón Bolivar, les comentó que ya estaba acostumbrado que los perros hicieron su parada por alli.

¿Qué los trae por acá, especialmente a ese valiente mapache, que no tiene miedo de salir del parque y revolverse entre la gente? - les preguntó.

- Busco la Navidad - le contó Chito. Vengo desde muy lejos buscándola.  Chucho me dice que la Navidad es todo esto que veo, pero dentro de mí, hay algo que me dice que no, que la Navidad es más que lo que veo ahora.

- Tienes razón - , le dijo don Simón.  Desde aquí sentado en mi caballo, he visto muchas cosas.  Y cada año, por estas fechas, sale una estrella en lo alto del cielo.  Mis antepasados me contaban que tres magos hace muchos años, también como tú, buscaban la razón de la Navidad, y la encontraron siguiendo la estrella.   Estoy seguro que en esa luz, puedes encontrar las respuestas que andas buscando mi querido y valiente  amiguito.

Aún en medio de las luces de la gran ciudad,  Chito alcanzó a ver a la estrella de oriente y decidió seguirla.  Acompañado de su nuevo amigo Chucho, dieron las gracias a don Simón, quien elegantemente sentado en su caballo de bronce, les dijo adiós deseándoles buena suerte.  

Emprendieron otra vez el camino, hasta afuera de la gran ciudad.  Juntos, atravesaron de nuevo enormes puentes llenos de autos, varios bosques y por las noches cada vez, lograban ver mejor aquel hermoso lucero que alumbraba su sendero.

En los bosques de pinos y cipreses, encontraban nuevos amigos: muchos más mapachitos, sarihuellitas, puercoespines y muchas ardillas. Además una infinidad de patos y pajaritos, que les enseñaban el camino hacia el oriente.  Muchos de ellos, cuando sabían la misión de Chito, se unían en su búsqueda de la Navidad.

Era mucho lo que habían recorrido ya, pasando lagos y bosques tupidos. Algunas veces, poniendo en riesgo la vida, al tener que atravesar carreteras llenas de carros peligrosos.  Y no lograban encontrar la Navidad.

Chito, se sentía muy cansado, pero seguía adelante. Una madrugada, entre su cansancio no escuchó la voz de Chucho que le gritó ¡Cuidado! y cuando sintío sólo vio una enorme luz, que venía hacía él y lo cegó por completo.  Luego, de un sólo golpe, calló del otro lado de la carretera.  Un automóvil lo había atropellado.

Chucho y sus otros amiguitos, se acercaron a verlo muy triste, sabiendo que de esos accidentes, casi ningún animalito se salvaba.  Chito sentía mucho dolor y no podía levantarse. Y su gran amigo Chucho, lloraba amargamente.  Entre todos, lo metieron al bosque, pero nada pudieron hacer, Chito agonizaba lleno de golpes por todos lados.

Pero el hermoso mapachito, sabía que no había venido desde tan lejos, a morir en medio de una carretera, que su misión era encontrar la Navidad y eso iba a hacer.  Miró al cielo, hacia esa estrella que brillaba en lo alto y le dijo:  “Estrellita, quiero conocer el verdadero sentido de la Navidad, quiero saber a dónde alumbras, o cuál es el sentido de tu luz”.

Desde no muy lejos, una voz dulce y cálida pronunció su nombre:  “¡Chiiiiito, Chiiiiito!, mi  hijo valiente y lleno de fe...”, le decía aquella voz tan hermosa, al mismo tiempo que se llenaba el bosque entero de un suave aroma a rosas.  “Ven a acá, Chito, ven con nosotros”.

Chito empezó a moverse con gran dificultad, y ante el asombro de sus amigos, como pudo se levantó y casi arrastradito siguió caminando hacia el oriente.  Ellos querían ayudarlo, pero estaban un poco asustados, porque los ojos de Chito estaban brillantes como la luz de la estrella.  

El mapachito caminaba despacio, pero seguro y tras unos matorrales vio una imagen maravillosa: Era la imagen de Nuestra Señora de la Isla.   Sí, había llegado al Santuario de la Virgen de Long Island, quien con el niño Jesús en brazos, le daba la bienvenida a los pies de su misma imagen.  Vestida de luz y llena de estrellas lo miraba dulcemente.

Ven Chito, le dijo la gran señora, quiero presentarte a mi hijo. Él es el Dios de toda criatura sobre la tierra y del universo entero, y una noche como ésta, vino a salvar a la humanidad.  Siendo Dios, se hizo hombre y nació de mí...y habitó entre nosotros. Se llama Jesucristo y él es la Navidad.

Chito vio hacia arriba y el niño con sus bracitos abiertos le sonrió con gran alegría.  En ese mismo instante, todas sus heridas fueron sanadas y se sintió lleno de vida otra vez...y con un gran gozo en su corazón. Recordó que ése era precisamente el nombre que Beto, el árbol, le había mencionado.

“Tu fe te ha traído hasta aquí, y esa misma fe, te ha salvado”, le dijo la santísima Señora, quien llena de luz y con el niño en brazos, regresó al cielo dejándoles un gran resplandor, que parecía haber transformado la noche en día.

Los animalitos junto a Chucho y Chito, hicieron una gran fiesta, cantaron y bailaron a los pies de la imagen de la Señora y del Niño Dios.  Aquél hermoso y valiente mapache que recorrió bosques enormes, atravesó puentes magestuosos, ríos caudalosos, extensos lagos y se libró del bullicio de la gran ciudad, no sólo encontró a muchos amigos en su camino, sino siguiendo la estrella de oriente, llegó a encontrar a Jesús, quien le devolvió la salud y la vida...Aún después de tantos años, como los tres reyes magos, siguió la luz de su fe y encontró a Jesús.  Encontró de nuevo, el verdadero motivo de la Navidad. 






Fotos.
New York: susanfales-hill.com
Nuestra Señora de Long Island: 
http://ourladyoftheisland.sitetorch.com/Home/Welcome/tabid/115/Default.aspx


17 diciembre 2011

CHITO, EL MAPACHE QUE ENCONTRÓ LA NAVIDAD (Primera Parte)

La historia de BETO, EL ÁRBOL  DE NAVIDAD, viajó en alas de los pájaros, que llegado el verano se encargaron de esparcir la noticia por todo el mundo.  En un bosque no muy lejano al de Beto, donde también vivían ardillas, zorritos, sarihuellas y pajaritos, también habitaban muchas familias de Mapaches cerca del río.  A ellos también llegó la historia del árbol y del milago de su regreso al bosque de los abetos.    Al l lado de un riachuelo, tenía su madriguera un hermoso mapache llamado Chito, quien vivía con sus padres y hermanos lejos de la caza humana, de las autopistas y de la gran ciudad.  

Cuando Chito se enteró de la historia de Beto en su aventura de ser un árbol de Navidad, el pequeño mapache, quien no sabía de qué se trataba ese día especial del que todos hablaban,  quiso saber exactamente de dónde venía la celebración tan anhelada. 


Preguntó primero a sus padres, pero ellos sólo sabían que era un día lindo que los humanos celebraban con gran algarabía, pero no pudieron explicarle claramente de dónde venía.  Su abuelo les contó una vez, que sus antepasados platicaban del nacimiento de un niño en un pueblo lejano, donde animales cercanos a los hombres, como las bueyes, las mulas, los camellos y las ovejas fueron testigos de un gran acontecimiento.   Sin embargo, era una historia lejana que ya casi nadie recordaba.

Dentro de su pequeño corazón, Chito tenía una gran ilusión que llenaba su pecho de ansiedad por saber quién había inventado aquella fecha.   No sabía a ciencia cierta, qué era eso tan especial que lo hacía sentir tal emoción y  un día, creyéndose  fuerte y seguro, se propuso salir en busca de la Navidad.

Aún entre los ruegos de sus padres y la insistencia de los animalitos del bosque, Chito no abandonó sus planes y emprendió su camino en busca de los deseos de su corazón.  Caminó de noche y de día entre los bosques y los matorrales, hasta que encontró a un cuerpoespín muy amable, quien le aconsejó ir hasta el bosque de Beto a preguntar sobre la Navidad, pues ellos tenían, a su parecer, la respuesta acertada.

Tras varias noches corriendo y caminado río arriba, llegó hasta aquél bosque que tenía un delicioso olor. Se parecía mucho al bosque de donde venía, con excepción de ese aroma hermoso de abetos.  Allí encontró a algunos parientes, un tanto diferentes a él, pero igualmente cordiales, quienes le brindaron comida y un lugar donde pasar la noche.  

Por la mañana, lo llevaron hasta donde estaba Beto y él le contó sobre aquella voz que salió del cielo y le devolvió la existencia.  Su nombre no lo pudo olvidar jamás, se llamaba Jesucristo, quien dijo ser la  luz y la vida misma.  Que le había prometido estar siempre con todos, hasta el fin de los días.

También le comentó de la estrella del oriente, que se iluminó enormemente la noche en que él revivió en la gran ciudad.  

Chito, el mapache, se emocionó muchísimo más al escuchar la historia maravillosa del milagro que hizo regresar al famoso Beto a su bosque, pero aún  cuando los relatos llenaban su corazón de calor y esperanza, su razón todavía no comprendía la historia de la Navidad.  Pensó entonces, en que si aquella voz que revivió al árbol, era la luz y la vida, eso era  precisamente lo que debía buscar.

Así que no habiendo encontrado la respuesta que buscaba en el boque de abetos, prosiguió su camino y se dispuso ir en busca de la luz.  Caminando por tierras desconocidas, de día y noche, en lo alto de un cerro y en medio de la oscuridad, logró divisar una ciudad grande, cuyas luces casi lo cegaban.  “Aquí es que voy a encontrar al dueño de la luz”, se dijo, y sin pensarlo dos veces, corrió hacia aquella selva de concreto.

No sabía lo que allí iba a encontrar, pero su ilusión por hallar al inventor de la Navidad, lo hizo correr con alegría y fe en que nada malo le iba a pasar.   Llegó de madrugada hasta el patio de una casa y cansado de tanto caminar, se quedó dormido al lado de un rosal.  

Apenas estaba empezando a amanecer, cuando los insistentes ladridos de un perro lo hicieron saltar y casi sin sentir, salió corriendo a esconderse entre unas macetas.  

- ¡¡Bandido, bandido tu ser bandido!!-, le gritaba el perro. 
 
- No, no soy ningún bandido -, le respondía Chito desde su escondite, sumamente asustado.
- Sí eres bandido - le replicó el perro.
 Tienes máscara de bandido.

Chito alcanzó a ver su imagen borrosa en el resplandor de una maceta de latón y se dio cuenta que por sus manchas oscuras en los ojos, el perro pensaba que era un bandido.  Desde su escondite le dijo al perro: - No soy ningún ladrón, sólo ando buscando a la Navidad.

!Navidad, Navidad!, empezó a gritar el perro dando vueltas de alegría.  Eso le dio valor a  Chito y empezó a dejarse ver. 

- ¿Acaso tú sabes qué es la Navidad y dónde la puedo encontrar? - le preguntó al perro juguetón.

-Sí -, le dijo el perrito- yo la vi, yo la vi, en la gran ciudad.  ¡Chucho va, chucho lleva a New York City!
 

El perrito llamado Chucho, le ofreció acompañarlo a la ciudad a buscar a la Navidad, ya que sus amos lo habían dejado al cuidado de un vecino, pues se habían ido de vacaciones.   Y esa misma tarde, emprendieron el camino.



Continuará... 


Foto:  http://www.emudesc.net

06 noviembre 2011

UN SOBADOR EN LOS YUNÁIS

A veces es bueno regresar a las raíces y confiar un poco en la sabiduría de la gente sencilla.  Siempre he sido un tanto escéptica con lo que no puedo comprobar, pero como buena seguidora del santo patrono de los periodistas, pues hasta no ver no creer,  y soy capaz de apostar hasta con mi propio pellejo para ver cómo mero es la cosa. Así que hace algún tiempo, que me dolía tanto un tobillo, me decidí a ir a buscar a uno de esos señores que soban, muy famosos allá por los pueblos y aldeas de nuestras tierras.  Pero no crean que tuve que abordar avión para encontrarme uno. No, en los famosos Yunáis también hay soba-huesos... 

Pero no vivía tan cerca de Nueva York, había que ir a un estado cercano...así que luego de haber visitado varias veces al traumatólogo y fisioterapistas, que de sobaditas y liencecitos no pasan, mientras le acaban el seguro médico a uno, al final me decidí ir a ver a aquel famoso sobador salvadoreño, que una señora me había aconsejado visitar más de una vez.  Me atreví a meterme en tal aventura, lo llamé y me dio una cita.

Entonces, emprendimos viaje con mi  Negrito y por el camino le fui contando un par de reportajes que hace algunos años hice en Guatemala.  Recuerdo que una de las primeras historias que realizamos con mi querido y recordado Marcelo Urquidi, fue acerca de un señor que vivía en Ciudad Vieja, de nombre don Pedrito. Un hombre chiquitito, sumamente sencillo, cuyo consultorio era una cobacha con un poyo de leña, camino al volcán de agua.  Allí atendía a tantos pacientes como se daba abasto.  Era increíble la cantidad de personas que se acercaban con sus diferentes dolores, a buscar alivio en las manos de don Pedrito. 

Lo que más nos llamó la atención del viejito soba-huesos, fue que dentro de sus nada ortodoxas terapias físicas  amarraba a la gente, algunas veces, según dijo, para que no se le movieran cuando él trataba de encajarles las coyunturas quebradas. ¡Ay Dios!.  Cuando algún hombre llegaba con testículos caídos (la verdad, él dijo "intestículos"), los colgaga de cabeza, atados de los pies con una soga.  Pero de que la gente salía contenta de allí, yo doy fe, aunque los hubieran colgado...Hasta dejaban regalados los yesos y las muletas.

Otra vez, me fueron a contar de uno que vivía por allá por Agua Blanca en Jutiapa. Púchica, llegar allí fue bien difícil, tuvimos que seguir un camino de piedras sueltas y un tierrero de la fregada...Recuerdo que mi papá me acompañó a visitar al sobador, para preguntarle si estaba interesado en salir en la tele.   Allí la verdad, no vi a mucha gente como en casa de don Pedrito, pero al igual que en la casita de Ciudad Vieja, colgaban de las vigas yesos y muletas, que supuestamente la gente ya no necesitaba al salir de allí.

Era como mediodía y había un tremendo sol, únicamente un par de chuchos y unas gallinas salieron a mi encuentro y para no hacerles largo el cuento, al rato salió el mentado viejo, bien bravo y sin casi poderle decir nada, nos sacó de su casa, machete en mano. Aquí pueden leer la historia completa para que se mueran de la risa: EL VIEJO QUITA-YESOS.

Entre historias de soba-hueso y quita-yesos chapines, llegamos a nuestro destino y a aquel edificio en un barrio sencillo, lleno de paisanos y tras subir unas graditas, tocamos la puerta de su apartamento.  "Dentren", nos dijo una vocecita desde adentro. Así que "dentramos", ¡ay! pero en el mismo momentito, yo quería salir disparada.

Tras una cortinita, estaban curando a un hombre, grande y bien dado, pero que lloraba como un niñito, cuando el sobador le hacía el trabajo en un pie.  Ese hombre pegaba gritos. Y yo ya me estaba ahue... digo, me estaba asustando mucho.  Pero la verdad, soy un poco testarudita...Mi Negrito me miraba, como con algo de pena, pero al final como que se tranquilizó cuando yo le demostré que le iba a hacer gorete. Pero no puedo negar que me hizo dudar el llanto desgarrador de aquel hombre que de paso, estaba bolo. Y le di la razón, también yo me hubiera querido pegar un par de capirulazos de saber lo que me esperaba.

Aliviado el paciente, me tocó el turno.  En el consultorio detrás de la cortina, había dos catrecitos y un montón de cajas y bolsitas amarradas.  El susodicho soba-huesos, era un viejito de poca estatura, delgadito y sumamente dulce.  Bueno, me senté a ver qué podía pasar y el sobador sentado en una silla,  me pidió que le comentara cuál era mi mal. Inmediatamente me pidió que me quitara el zapato y le pusiera el pie en sus piernas.  Me examinó un poco y luego me empezó a tocar puntos, hasta que llegó a uno que me hizo saltar de dolor.  

Entonces, se puso a gatear debajo de la cama, buscando según dijo, unos aceititos  especiales.  Le pidió a mi esposo que me abrazara por detrás y poquito a poco, entre plática y plática, agarró una su toallita algo shuca (de seguro con esa misma agarró al bolo) y me ha pegado tremendo doblón, que me hizo gritar y ver lucitas.  Y quería pegarme otro..., pero yo le dije que lo dejáramos allí.

Me preguntó si llevaba venda, y como le dije que no, agarró una camisa vieja, la rompió y con unas tijeras improvisó un vendaje.  Al quererle pagar, nos dijo que le diéramos lo que quisiéramos.

Después nos dio un relato un tanto raro de la historia de la Iglesia Católica, donde revolvió a un rey Hemorroi, con San Pedro...que yo no sé ni por qué salió esa conversación, ni de dónde vino, ni para dónde llegó.  Pero como que luego se acordó que le habíamos dicho que éramos católicos, le cambió al rumbo y terminó diciendo que el catolicismo era el padre de todas las religiones...Al final no sé ni qué pasó allí.  Creo que lo que se temía era perder clientela.  Eso está bueno, porque como que está un poco zafado, pero indiscutiblemente, trabar huesos es su especialidad.

La verdad, salí de allí sintiéndome mejor, tanto que regresé una segunda vez.  Ya no me dio la plática del rey Hemorroi (¿?) y los católicos...pero sí  con esa otra sobadita me sentí todavía mejor.  Aún, cuando empezó a quererme pegar la retorcida otra vez, ya me estaba arrepintiendo y hasta le dije que mejor no me hiciera nada...pero me convenció de que fuera valiente.

Con todo esto, me parece increíble que un país tan desarrrollado, aún se pueda encontrar a un viejito sobador, que con su sencillez y paciencia lo haga a uno sentirse mejor...Allí mis títulos  universitarios  y todo mi escepticismo periodístico, se quedó entre las manos de aquel humilde y amable hombre, que sigue ganándose la vida con su sabiduría milenaria, aún cuando esté tan lejos de su tierra...y yo de la mía.



La foto del rótulo,la encontré en el Panoramio y según parece, es de un sobador que está en Pacoima, California. http://www.panoramio.com/photo/2284618

14 septiembre 2011

ALGO PARA NO EXTRAÑAR MI GUATE

Por motivo de los trámites de nuestra reciente boda, el Negris y yo tuvimos que ir a nuestros respectivos consulados para renovar el pasaporte.  Primero, y por estar más cerca, nos fuimos al Consulado General de Ecuador, y desde que entramos al edificio, un caballero de traje completo nos recibió amablemente en la puerta, preguntándonos cuál era el trámite que deseábamos hacer, orientó al Negris, le tomó su nombre y hasta nos dio una silla para sentarnos.  

En pocos minutos lo llamaron, le cobraron el trámite, le hicieron copia a los documentos necesarios, le tomaron la foto, le dieron una contraseña y nos invitaron a ir a tomar algo a los alrededores de Queens, New York, para regresar en un par de horas y recoger el respectivo pasaporte.

A los pocos días, pudimos hacer tiempo para ir a Manhattan a realizar el trámite de mi pasaporte guatemalteco.  Bien, antes de echarnos el viajecito, llamé por teléfono para cerciorarme que estuviera abierto el Consulado General de Guatemala, el día que decidimos ir.

Desde que me contestaron empecé a sentirme en mi Guate: el que levantó el teléfono sonaba tan amargado, como si había dormido toda la noche con la nalga destapada.  Le hice una pregunta y al llegar a la segunda, me dijo mero bravo, que mejor llegara a la oficina para resolver todas mis dudas (muy amable él...como si todos viviéramos a la vuelta del Consulado).  Me imaginé al "distinguido" caballero, llegando tarde, con una bolsita en la mano, todavía bostezando y decidido a echarse su santo desayuno sobre su escritorio (a lo mejor me equivoco, ¿verdad?).

Llegamos a la famosa Park Avenue de Manhattan (porque para creídos los chapines) y allí, en un edificio pequeño, vi ondear mi hermosa bandera, eso sí, como que tiene años de que no la lavan, ¡más sucia!, bueno, hay cosas que se pueden escapar de las manos...digo yo, pues.

Entramos y contenta le dije a mi Negrito "Bienvenido a Guatemala", pero nadie nos estaba esperando en la puerta, nadie nos orientó acerca de los trámites y medio dudosa me acerqué a una puerta donde estaban aglomerados como cinco paisanitos viendo para adentro,  por un momento me vino un flashazo de las fiestas de los pueblos. Al escuchar a mis paisanos hablar en uno de nuestros hermosos idiomas mayas, me di cuenta que allí mero era dónde tenía yo que entrar...allí era la pachanga. 

Me acerqué, pidiendo un poco de permiso para pasar y me encontré con una oficinititía, con 4 personas amontonadas.  Parecía la Dirección General de la Policía, de hace como 20 años.  Nadie salió a mi encuentro para saber en qué podía servirme...Nada, yo tuve que buscar allí quién fregados me hacía caso. Me voltió a ver una mujer de pelo pintado y despeinada que antes de que yo le consultara algo, me preguntó en forma prepotente:  "¿quiere un número?".

Yo por más fregar y en son de broma le dije: "No, yo no vine a comprar lotería, vine a renovar mi pasaporte".  Creyéndose la Primera dama de la Nación (pero no de Guate, sino de USA, digo yo), me dio un número, un formulario y me dijo que esperara afuera, que me iban a llamar. Pero antes me preguntó si llevaba la fotocopia de mi pasaporte expirado. Yo le dije que no, y como en el Consulado de Ecuador, le sacaron las copias volando a mi marido, pensé que allí también.

Pero no. La mujer otra vez, haciéndose la gran cosa me indicó a medias, dónde estaba una tienda en la calle para ir a sacar las copias como a 2 cuadras. Y para nada se le cayó una sonrisa a la servidora pública.

Regresé y, por suerte, me tocó con una señora muy amable, que con su sonrisa, educada voz  y cortesía, les pone punto a todos allí.  Ella me resolvió todas mis dudas y amablemente me pidió que pasara a pagar el costo del nuevo pasaporte. 

Pensé que ya se estaba arreglando la cosa, pero no, se puso mala otra vez.  Entre la montonera de escritorios, había un hombre sentado ante una mesita chiquitita, con una caja de cartón y un sello.  Me recordó aquellos que emplastican en el centro de la Capital.  Todo pesado me dijo lo que debía pagar, y que por favor le diera cabal porque no tenía para darme vuelto.

Yo, con mi característica actitud capitalina universitaria, revuelta con Miteco presumido,  y ya algo brava, le pregunté: "¿Y si no tengo cabal,  qué?.  Como que no esperaba que le saliera yo algo brincona, que se empezó a registrar los pantalones para ver si tenía vuelto.

Luego, me dijeron que saliera a esperar a que me llamaran para tomarme la foto.  Como a la media hora, les dio la gana llamarme y cuando llegué al escritorio donde toman las fotos, hasta un tufito me llegó.  Allí estaba un señor que creo que se pasa bravo todo el día.  Por estarme haciendo para atrás, para no aguartar el tufo, me tomó una foto la más pateada, que parezco chompipe ya listo para los tamales...

Tanto aguantar la actitud y poca cortesía de casi todos, para que me dijeran que en 15 días me iban a mandar por corrreo el pasaporte.  Bueno, me dije, todo está bien, siempre y cuando no tenga que regresar a verles la cara y aguartarles sus tufos a todos éstos (con excepción de la amable señora que me tomó los datos).

Allí comprendí por qué mis pobres paisanitos, estaban todos asustaditos en la puerta.  A duras penas estaban llenando los formularios, nadie les ayudaba y encima con malos modos.

Ah porque la actitud de algunos de los empleados, su forma de hablar y hasta de ver, es de aquellos que se creen la "divina garza", cómo se ve que la educación y los buenos modales, pero sobre todo la distinción no se obtiene ni trabajando en Park Avenue. Es como para tomarle prestado el lema a la Universidad de Salamanca, pero cambiándole un poquito:  Quod natura non dat, Manhattan non praestat (Lo que la naturaleza no te dio, Manhattan no te lo presta).

¡Qué barbaridad! A excepción de la adorable, distinguida y cordial dama que me dijo llamarse "Nidia",  todos allí son un manojo de corrientes. Quitémosles lo mal vestidos y mal arreglados,  pero  lo maleducados y poco corteses no se les puede perdonar. 

Guatemala se ha catalogado por tener uno de los niveles académicos más altos de América, pero eso creo que nos lo guardamos para otros menesteres, porque habiendo tantas personas distinguidas, educadas y corteses, especializadas para representarnos en  los Consulados Generales, tiene que mandar a éstos, que por encima se les ve la mala gana con que trabajan y su poco sentido de la diplomacia. 

O a lo mejor no les pagan bien, ¿verdad? y por eso se pasan decpecionados los pobres.

Al final, me dio vergüenza con mi Negris.  Tanto ponerle en alto a mi Guatemala, para que se viniera a decpecionar con los del Consulado.


En todos lados hay bueno y malo...pero qué pena que al Consulado General de Guatemala en Nueva York, no hayan mandado los buenos, sino los malos oficinistas chapines. Algo así como para no extrañar la típica burocracia de nuestra amada patria.

No es mi afán hablar mal de nadie, sino recordarles a los trabajadores de todos los consulados y embajadas de Guatemala en el mundo, que la educación y los buenos modales deben ser siempre la insignia de los guatemaltecos.  Mi saludo cordial a la señora Nidia, que quien con su distinción y  educada actitud, pone en alto un pedacito del territorio guatemalteco en medio de la Capital del Mundo. Vale la pena mencionarla. 

Felíz día de la Independencia mis amados compatriotas,  en donde quiera que se encuentren. Procuremos que ondeen siempre en alto los colores de nuestra bandera y  brille el honor de los chapines  a través de nuestros actos de amor. 

"Es tu enseña pedazo de cielo
en que prende una nube su albura,
y ¡ay de aquel que con ciega locura,
sus colores pretenda manchar!"


26 julio 2011

UN DIA INOLVIDABLE: HACIA EL ALTAR

Íbamos ya en la limo y mi corazón palpitaba cada vez más rápido. Me sentía nerviosa y no podía evitarlo. Pensaba en que  si las flores llegaron, si todo estaría listo ya...Pero al mismo tiempo pensaba en mi madre, en lo lindo que hubiese sido que ella fuera también en ese automóvil, viéndome vestida de blanco, diciéndome lo bonita que lucía, como sólo una madre puede decirlo.. Me hizo tanta falta...

El camino fue lindo, Dios me regaló un día lleno de sol y con el color de la primavera, adornó mi camino hacia ese lugar hermoso, donde el agua y las flores me esperaban junto a mi Negrito.  

Llegamos y en la entrada, había un grupo de amigos esperándome. Me tomaron fotos, me aplaudieron, me hicieron sentir bellísima.  Me dieron el ramo, que estaba precioso con rosas cremitas y amarillas, orquídeas bebé y diamantitos. Allí también, una compañera de trabajo me puso su anillo azul, para que completara mi ajuar con algo viejo, algo nuevo, algo prestado y algo azul. 
 
Porque se me había olvidado contarles que antes de salir de casa, mi hermana me preguntó si llevaba algo viejo (además, del novio nada, pensé), y efectivamente no tenía nada.  Entonces sacó de una bolsita típica un corazón de plata que desde que me acuerdo mi mamá tenía entre sus sencillos tesoros.  ¡Tantos recuerdos vinieron a mi mente! Es tan hermoso, poque es como un guardapelo, que al abrirlo lleva un rosario adentro. Encima 4 letras: ROMA, pero si se pone al revés, dice AMOR. Lo tomé y lo puse en mi corazón.  Allí fue donde decidí entrar con el velo en la cara, en honor a mi madre, como ella hubiese querido verme. 

En aquél precioso lugar de fuentes y flores, todo estaba listo. Me subieron a una suite y me dejaron allí solita, porque todos se fueron al último ensayo.  Aproveché para sentarme y concentrarme en todo lo que me estaba pasando, quería guardar todo en mi memoria. No fue mucho tiempo, a los pocos minutos entraron a tomarme unas fotos y empezó de nuevo el relajo.  Empezamos a bajar y vi aquel jardín hermoso en todo su esplendor, al horizonte, el mar.  Ese era mi día, ese era mi momento y lo iba a vivir intensamente.

Llegué a la entrada  rodeada de la gente del lugar, los encargados del evento estaban poniendo su mejor empeño en que todo saliera bien. Y así fue. A unos pasos de la entrada a  la capilla, del brazo de mi papá, vi que entró el cortejo nupcial y escuché a lo lejos Sunrise Sunset, la melodía del Violinista en el Tejado, que había pedido especialmente para ese momento.  

Se cerraron las puertas y nos pararon en la entrada.  Todo el mundo caminaba a mi alrededor, chequeándome el vestido, el velo, la cola, el ramo.  Se abrieron las puertas de nuevo y empezó la introducción del Bridal Chorus de Warner. Entonces le dije a mi papá en voz baja: "Despacito papi, lo más despacio que se pueda"....y empezamos a caminar hacia el altar.

Sé que no soy la primera en sentir esa emoción indescriptible que se experimenta en ese trayecto tan corto, pero que se queda en la memoria para toda la vida.  Quería alargar ese instante lo más que se pudiera...

Quisiera que existiera una pildorita que uno pudiese tomar para volver a sentir en el corazón ese momento tan especial.  No podía aguantar las ganas de llorar...y a través del velo y las lágrimas que hacía un gran esfuerzo porque no salieran, miraba a toda la gente que me veía con gran cariño mientras cruzaba esa capilla.  Saber que estaban allí porque es gente importante en mi vida.  Gente que llegó de cerca, familiares amigos que llegaron de lejos, simplemente a acompañarnos en ese día lleno de amor.

Ese Bridal Chorus retumbaba...de veras que desquitaron la paga los músicos...

Y al final, de pie al lado de un arco de flores, estaba mi amor, con sus ojos brillantes y llorosos de emoción.  ¡Estaba tan guapo, con su traje de novio!.  Mi papá me levantó el velo y me entregó con él (claro que le dio su discursito).   Caminamos ya juntitos hacia el altar y allí tomados de las manos empezamos la ceremonia que uniría nuestras vidas...  (Bueno, ya habíamos juntado petates, pero no era suficiente).

Antes de los votos, mi hermano cantó el Ave María de Shubert y le quedó espectacular...al terminar, besó mi mano. ¡Precioso!

Llegó el momento de leer el uno al otro, lo que cada uno significaba, el porqué de estar allí, dispuestos a pasar el resto de la vida juntos.  Yo apenas pude leerlo, estaba muy emocionada. Tantas veces que me he parado ante un público a hablar y hablar...y ahora no podía ni siquiera leer los votos a mi futuro esposo.  Fue bello, cuando le dije: "Te amo con todo mi corazón", los sollozos casi no me dejaron terminar.  Luego mi Negrito me leyó unas palabras tan hermosas y tan sentidas y al final me dijo: "Te amo y te amaré por siempre".

Seguidamente el juramento  y el decir "Sí, acepto.   Bueno en Inglés el famoso "I do".

Luego, vino el intercambio de anillos.  otro momento maravilloso, junto a la Lectura de San Pablo "I Corintios Cap. 13", que habla sobre qué es el amor.    Nuestro amigo, el director del ministerio hispano de la Iglesia de San Patricio, nos hizo favor de leerla y explicarla.  Al final, nos regaló una bellísima Biblia, diciéndonos: "cuando la tempestad azote, vuelvan a las bases, vuelvan a la Biblia".

¡¡No podía estar la boda más hermosa!!  Luego, la ceremonia de las arras, para la prosperidad y la unidad.  Otro ritual bellísimo. Y para sellar, con una gran alegría, escuchamos las palabras: "Los declaro Marido y Mujer"...."Puedes besar a tu bellísima esposa".

Tras nuestro primer beso de esposos, volteamos y allí estaban todos, aplaudiéndonos, compartiendo nuestra alegría.  Los músicos empezaron a tocar  la Marcha Nupcial y salimos tan felices.

Juntos mi Negrito y yo, hicimos realidad el sueño.  Nos esforzamos, nos desvelamos, trabajamos hasta el último momento para vivir la alegría de unir nuestras vidas en una boda que nos quedó sencilla, pero hermosa.  Ya no pensé que yo a lo mejor estaba pasadita de peso y tal vez de años...no. Sea una boda grande, o algo pequeño, lo importante es el amor y las ganas de llegar a ese instante maravilloso.

Nuestro primer baile fue aquella del Elvis, I Cant Help Falling In Love With You,  que habíamos ensayado, pero al final se nos olvidó un poco, por la emoción. Disfrutamos cada segundo, casi no comimos, porque siempre alguien quería tomarse una foto con nosotros o teníamos algo que hacer, que si el brindis, que si el baile, que si el pastel, que si tirar el ramo y la liga...  Pero qué más da, ya habíamos comido en todos los cocteles previos a la boda.

Al final,  llegó el vals con mi papá, había escogido "Noche de Luna entre Ruinas", pero en el momento falló el CD y no sonó...entonces el DJ, me dijo, tengo éste, e hizo sonar aquel vals tan lindo de Ion Ivanovici  "Waves of the Danube", no pudo haber escogido uno más bello. Fueron instantes hermosos, de donde salieron fotos muy especiales.  Bailé la mitad con mi padre y luego él me entregó con mi Negrito.


Mientras daba vueltas bailando aquel vals maravilloso, mi papá me dijo que le recordaba a mi madre...entonces quise verla de nuevo mirándome entre la gente....y saben qué, la encontré: en los ojos de mi hermano, en la sonrisa de mi hermana, en los rizos de mi sobrino el más pequeño, en las manos de mi sobrina que me hizo el peinado (mi madre era estilista profesional), en mis pasos de baile...  Allí estuvo ella siempre, junto a mi y aquí seguirá. 

Terminó la fiesta....pero empezó la nueva historia de amor para mi Negrito y para mí.  



Ahhh...y no crean que se me olvidó, cuando empecé a caminar del brazo de mi papá, cumplí lo que escribí tempranito ese día a mis amigos del Facebook: Pensé en todos y cada uno de ustedes, cuando iba camino al altar.

Oro, porque ninguna mujer se quede sin vivir la ilusión de su boda y que todos los caballeros tengan las posibilidades, las ganas y el amor, para darles a sus novias ese bello e inolvidable obsequio.

Como dice mi Negrito: Ese es un día para dos.

¡¡Besitos y bendiciones!!

10 julio 2011

UN DIA INOLVIDABLE

Ya ha pasado un poco más de un mes y no había podido sentarme a escribir y contarles los pormenores de nuestra boda.  Púchica, de veras que tanto tiempo planeando el gran día y todo se termina en pocas horas. ¡Ah!, pero valió la pena cada instante invertido, porque todo quedó como queríamos y hasta mejor.  Bueno, el cachudo siempre anda viendo cómo le aguada la fiesta a uno, pero cuando impera el amor, todo es felicidad.

Desde la probada del vestido, las cosas empezaron a pintar bonito.  Como a  mi me llegó este bello momento ya un poquito entradita en años, pues por mucho tiempo soñé llegar a ese día tan especial.  Fue tan emocionante probarme varios vestidos hasta encontrar el ideal.  Subirse en ese bastidor  y que te pongan todos los fierros encima.  Lo único que pensaba cuando el modista me puso el velo, era: "Ojalá estuviera aquí mi mamá para verme".  Pero de seguro andaba por allí doña Cris.

Lo chistoso muchá, es que yo pensé que aquí la onda era igual que por allá por "donde nos", que  le venden a uno el ajuar completo: vestido, velo, guantes, zapatos ramo de la novia, el ramito del novio, la liga, los cojines, el lazo y las arras. NOOOOOOO, aquí va todo por separado. Y cuando me llegó la cuenta de todo a mi casa, me fui de fondillo, al ver la cuentona, que todavía estoy pagando...

Por un momento se me vino el flashazo, de cuando me llevaron mis papás a comprar el vestido para mi primera comunión, hasta con bolsa, candela y zapatos, costó ¡¡Q.12.00 quetzales!!  Bueno, definitivamente eran otros tiempos.  (auuuuuuuuu, dijo el coyote)

Luego, a escoger el lugar.  Eso estuvo topado, porque entre que íbamos de un lado a otro, nos invitaban a cocteles y comelonas, para dizque probar las comidas...pero aquí tiran la casa por la ventana y se avientan tremendas parradas con música en vivo, pastel,  guaro y de todo, para que la gente se anime a reservar en los lugares.  Yo quería algo cerca del agua.  Pensé en hacer la ceremonia frente al mar, también fui a ver en un lago, pero nel, no encontraba el lugar que lo tuviera todo. Hasta que encontramos uno fabuloso, que no me arrepiento en ningún momento haberlo escogido. Tenía fuentes, flores por todos lados, y el mar en frente.  Lo mejor que tenía una capilla, para hacer allí la ceremonia.

Ya con lo principal: el lugar, el vestido, el novio y la novia.  Había que dedicarse a los detalles. Eso sí que quita tiempo: que si las invitaciones, que si la lista de invitados, que si el acomodo de las mesas, que si las flores, que si los violines para la ceremonia, que si la música para el Coctel, que si el DJ, que si el pastel, que si las fotos, que si los centros de mesa, que si los recuerditos, que si los carros, que si el bouquet, que si el peinado, que los zapatos, el maquillaje, la dieta, las mascarillas,  que dónde vamos a acomodar a la familia, que sí a donde vamos de luna de miel...¡Ah! sí, y por último, el traje del novio. Dichosos los hombres, no tienen que pensar en tanta charada.

Nunca pensé que había que invertir tanto tiempo, esfuerzo y dedicación a una boda. Y lo peor fue, que yo no tenía quién me ayudara, sólo éramos el Negris, la dama de honor (que algo iba haciendo) y yo.

Ultimados los detalles (que aquí entre nos, nunca se ultiman), cuando sentimos, se pasaron los meses volando y  ya faltaba sólo una semana para el gran día. 

Estuve de pruebas y pruebas de vestidos y siempre le encotrábamos algo.  Por fin me lo dieron unos  días antes...todo estaba bien.  Ya estaba todo listo y empezó a venir la familia. Eso me emocionó tantísimo. Teníamos muchos años de no estar juntos. ¡Esas son bendiciones de Dios!

Eran ya sólo unos días para la boda y yo sentía siempre que algo faltaba.  Si uno no se cuida, la ansiedad se lo come. Ya quería que se llegara el día, para salir de todo. Demasiada tensión y pisto. Les decía, "lástima que sea mi boda, si no yo hacía todo": flores, video, fotos...bueno, pero casi. Y aquí todo tan caro.

Vino mi familia y yo quería estar con ellos a cada instante, pero siempre había algo que hacer y todas las noches me acostaba tarde.  No podía ser, me sentía cansada y odiaba la idea de llegar ojerosa a mi boda. Pero, un día antes me declaré "No available, no exceptions", tenía que estar un día conmigo misma. Ser yo, ver lo de mi pelo, mis uñas, ultimar todo para el maquillaje...Debía hacerlo pues la ceremonia empezaba el domingo al mediodía y ya ven cómo la mañana se pasa rapidísimo.  El Negrito distrajo a la familia  y yo tuve tiempo para los detallitos.  

La noche antes tuvimos tanto que hacer, que al Negris ya se le estaba olvidando escribir sus votos e imprimirlos.  ¡¡De habérsele olvidado iba a ser catastrófico!! Pero aunque sea a media noche, los terminó (hombres, hombres, que todo lo dejan para última hora). 

La ventaja de vivir juntos desde hace 5 años, fue que nadie tuvo que irse para su  casa y antes de dormir, hicimos nuestra oración, pidiendo a Dios bendiciones.  

Se llegó el día de la boda y había que levantarse temprano para estar listos a tiempo.  El Negris tenía que irse a cambiar a otra casa, allí estaban mi papá y hermano.  Pero el patojo no se apuraba y ya mero que lo sacaba a empujones de la casa, para que me dejara desempacar el vestido (pues no tenía que verlo) y empezar de lleno con mis arreglos.  ¡Padre celestial!, parece que algo que había comido me provocó una alergia y tenía ronchitas en el cuello y en la cara. A lo mejor fue por la tensión también, pero el Negrito trató de tranquilizarme y pensar que con el maquillaje todo se iba a tapar.  

Por fin se fue aquél uno, y en eso llegaron mi hermana, mi sobrina y el nene, que fue el caballero de los anillos, que lo vistieron precioso.

Mi sobrinita me peinó y ya con casi todo puesto, llegó la maquillista. Esa se tardó como una hora, qué barbaridad, y al final no me dejó tan bien, al menos como yo quería (bueno, milagros tampoco).  En eso, llegó mi papá y allí me empecé a poner nerviosa, porque eso significaba que el Negris y mi hermano, ya iban para el lugar de la ceremonia.   

De repente, alguien grita abajo: "Ya llegó la limo!....¡Señor! y yo todavía en los últimos toques del maquillaje. Nos apuramos  y quería hacer pipí antes de ponerme el vestido, pues luego, me iba a costar muchísimo...Ay no, a  estar ocupado el baño. No puede ser, eso me puso más nerviosa... 

Bien, tenía que guardar la calma. No eran tan tarde tampoco, creo que la Limo llegó un poco más temprano.   Bien, llegó la hora de ponerme el vestido.  Mi hermana me ayudó y qué creen....¡¡me quedó flojo de cintura!!. No sé qué pasó, si hacía 10 días que me lo había probado la última vez.  Era un strapless y qué bueno que de busto me quedó bien, si no, se me hubiese caído.  La verdad, me sentía incómoda, imaginaba que me veía como los gigantones de las ferias...

Pero, las muchachas y mi papá me convencieron que todo estaba bien (la verdad, no sé si  me dijeron eso porque ya no había nada que hacer).  Al menos no me quedó apretado, eso sí que hubiera estado jodido.  Ya con la tiara y el velo puesto, las cosas pintaron mucho mejor.
Entonces, a bajar para irnos al gran momento...confieso que estaba muy nerviosa, pues quería que todo quedara bien.  Abordamos la limo y allí empecé a vivir el gran sueño hecho realidad....




Continuará...


Foto: N. DeLeon-Calvi



23 mayo 2011

CAMPANAS DE BODA: LA CHACHI Y EL NEGRIS SE VAN A CASAR.

Sí muchá, así como lo ven, ¡por fin nos vamos a casar!.  Siempre he pensado que todo a mí me llega un poco tarde, pero seguro.  

De los  tres hermanos que fuimos, yo fui la llamada "colada", así que cuando ellos estaban adolescentes y en edad de merecer, yo andaba jugando con muñecas y trastecitos.

Cuando ellos se casaron, yo apenas estaba terminado la primaria...

Yo pensaba que me iba a casar algo jovencita, porque cuando me cantaban  saltando la cuerda, la "Niña Bonita, dime de cuántos años te vas a casar", yo llegaba como a 15 lo más...pero creo que era por otra cosa.

Me enfoqué en estudiar y  viajar (eso es lo bueno), pero lo malo es que la verdad, cuando me cayó el veinte de que tenía que casarme algún día, ya estaba pasadita de los 30 años.  A pesar de que no estaba tan peor, no tuve muy buena suerte en encontrar una buena persona que llenara mis expectativas, que algunos pensaban eran muy altas, pero la prueba diría más tarde, que lo único que buscaba era un hombre bueno.

Así que dadas las cincunstancias y los pencazos que me daba mi vida sentimental, me dediqué a hacer lo que tenía que haber hecho desde un principio, que fue orar y pedirle a Dios que me mandara un hombre bueno. Recuerdo que viajaba a diario a la Antigua Guatemala y en esa media hora de camino, me iba rezando. Claro, daba gracias por todo lo que tenía y pedía por mi familia y amigos, pero también en esa oración iba lo siguiente: "Señor, te pido un hombre bueno, que me guste físicamente y que sea trabajador,  no importa sino no tiene mucho dinero, que eso se hace, pero sobre todo, que me trate bien, me regale paz y que yo sea para él como una reina".  (Aunque dentro de mí, decía: "y que no esté tan feo, que no esté tan feo")

Esa oración fue por más de un año.  De repente, ni siquiera lo tuve que buscar. Apareció solito aquel hombre sensible, dulce, amable, para el cual desde un principio yo fui una reina. Dios me escuchó, no me mandó al más bonito, ni al más adinerado, pero sí me dio al más bueno.  

Es así patojada, no habiendo más que agregar les vuelvo a anunciar, que luego de un par de rogadas, un anillo y 5 años de vivir juntos: El Negris y yo, decidimos dar el paso, y se los participamos con mucho cariño.  

Dado que no se acabó el mundo el 21, pues nos dieron ganas de casarnos antes que se termine este mes.

Tampoco así a  la carrera pues, los preparativos llevan sus mesecitos.  Y les cuento muchá, que si están decidiendo casarse y costear ustedes mismos el casorio, piénsenlo bien primero y luego, pónganse a ahorrar, porque entre cositas y cosotas, la onda sale cara, así sea algo sencillo como lo nuestro. Nos encantaría haberlo hecho en Guatemala para estar con toda la family y amigos,  disfrutar de la parranda y la comedera.

Pero como que allá cambiarían algo las cosas, especialmente por los regalos.  Porque algo que yo no sabía era que aquí cada invitado paga su plato de comida, más un regalito. ...já, pa' que veyan, cómo es la onda en los niuyores.

Pero aquí entre nos, qué bueno que la que se casa soy yo, porque si me hubieran invitado a mí, hubiera pensado en dar un regalo y no precisamente, mi plato de comida...pero algo aprende uno. Tampoco  vayan a creer que iba a llegar a  la chapina o a la ecuatoriana (porque de allá es el Negrito),  sólo a nisflar, y a bailar, llevar de regalo una docena de vasos y después salir hablando de que la comida no sirvió, o que la música estuvo pasada de moda, o que no dieron mucho guaro...jajajaja.... Pajas.

Son cositas que uno aprende por estos lares.  Yo como soy nueva en New York, no muy sabía.  Qué bueno que no me invitaron antes a ninguna boda, porque hubiera llegado a quedar mal, con mi docena de vasos de herradura, o una planchita, o un juego de baños plásticos...jajaja, tampoco chuchos.

Así que será algo sencillo, pequeño, con la familia.  Los regalos, qué se yo, eso no importa, pero si se quieren caer con algo, el billetío siempre cae bien...jijiji.

Lo más importante es tener el amor  de todos.  La oportunidad de hacerlo, Dios nos la dio, como la bendición de habernos conocido.  Esperamos disfrutar y ofrecer a nuestros pocos invitados momentos de alegría.  Especialmente que nos acompañen con su amor.

A todas y todos mis amigos del  Blog y del Facebook, gracias porque aunque lejos nos acompañarán con sus deseos de felicidad.  Y así sea tarareada, esperamos bailar el vals de los novios:  "Que abunde el frijol, que abunde el maíz".


Ya luego les cuento todos los detalles, bueno los que se puedan publicar...

¡¡¡Aguas, con los paparazzi!!!

10 mayo 2011

A MI MADRE


El tiempo se amarga como una lágrima cristalizada
en el témpano del recuerdo. En la espera de mis días largos
cual arcos de violín que ciñen la melodía de tu ausencia.

Despierto en la penumbra de una aurora plena de dudas,
que funde prematuro al sol, en el mar de la desesperanza,
en las preguntas, en el soliloquio de mi amor. 

Mi alma camina como pies desnudos por calles antigüeñas
y traspasa el tiempo para amalgarse a las ruinas de mi vida
que parece apagarse, falta de sueños llovidos por la fe.

Tal vez, con lo que aún tenga de luz, mi día destelle
en el crepúsculo y me otorgue al fin un soplo de sonrisas…

Pero todavía debo aguardar el anochecer,
 que aún se vislumbra en lejanía y no puedo esperar
para ver tu mirada en el lucero de medianoche.

Más siempre, se acaricia mi alma con tu voz
que se esparce en las notas de mis venas
y cuya canción se tiñe de rosas
en la herida de tu adiós.



CHC


28 marzo 2011

LA LEYENDA DEL CERRO COLORADO

Nadie sabe, nadie supo...ah, ya dijeron, el Longe Moco. No, es la Chachi Muca.

Quiero contarles hoy de una leyenda que hace muchos años se oía por el oriente de Guatemala, acerca de un lugar de trabajo muy misterioso,  lejano y mefistofélico donde supuestamente el gran capataz, era el mero cachudo...¡Dios sea con nosotros!, como decía mi abuelita. 

Contaban de un hombre al que llamaremos "Tirso",  que había escuchado hablar incrédulo de esa leyenda,  y de ese lugar a donde se internaban todos aquellos desesperados de no  encontrar trabajo y regresaban meses después con costaladas de dinero. 

"Estoy tan amolado, que trabajaría hasta para el mismo demonio", exclamó un día Tirso agobiado por las presiones económicas que lo hicieron capaz de clamar ese nombre con todas sus fuerzas.  De repente escuchó los cascos de una bestia que cabalgaba en medio del monte. Entre los árboles apareció un hombrecito, montado en un gran caballo y en lujosa silla, cuyos cinchas  se amarraban hasta arriba, para que el pequeño jinete alcanzara a meter los pies en los esrtribos.  Posó su caballo en frente de Tirso y con voz fina le preguntó: "¿de verdad querés trabajar?. 

Tirso sintió un nudo en el estómago,  pero el hambre le apretó más la tripa que el mismo miedo y con la voz más delgada que la de aquel hombrecito, respondió a medias : "ah chish, y por qué no".

Entonces - le indicó el hombrecito -, subite en ancas que yo te llevo a trabajar al Cerro Colorado, pero eso sí, te tengo que vendar los ojos, porque no podés ver el camino hacia ese lugar. Cuando lleguemos, te destapo.

Tirso se dejó poner el pañuelo y se dispuso a  emprender aquel viaje extraño, que le prometía un pago por un trabajo que ni siquiera sabía de lo que se trataba. Por el camino sólamente oía los cascos del caballo, pero en algunos tramos, sentía que el alma se le trastornaba pues escuchaba lamentos desgarradores y un intenso olor a azufre. Los escalofríos fueron su única compañía.

Por fin se detuvo el caballo y el hombrecito desveló la mirada de Tirso y éste comprobó lo que algunos contaban por las aldeas. Ese lugar era como lo pintaban, sombrío, tenebroso, frío y lleno de gente trabajando de lado a lado.

Allí había mujeres cocinando y  limpiando,  hombres acarreando basura, rajando y cargando leña, arriando ganado, matando cerdos y gallinas, en fin haciendo una y mil tareas. El hombrecito le indicó a Tirso que tenía que trabajar ayudando en la panadería. Le dijo sus tareas  y antes de dar media vuelta, le advirtió: "Todo lo que veás aquí, no se comenta ni entre los trabajadores y todo lo que aquí pase...aquí se queda". Tirso asintió con cierta sumisión y se resignó a quedarse, viendo cómo el hombrecito se desparecía en su caballo.

En aquel lugar se vivía al revés. Se dormía de día y el trabajo empezaba a las 6:00 de la tarde.  Había que hornear un pan raro, negro y sin sabor. Las cocineras preparaban grandes cantidades de comida y las otras mujeres la  servían en unas mesas largas sin comensales. Ya servida la comida, salían de los comedores sin ver quienes iban a comer.  Al rato se les avisaba que volvieran a entrar y recogían los platos, sin una una sóla migaja. Los platos parecían relamidos.

Era insano ver cómo la mejor comida se pasaba a los misteriosos comensales y la peor se repartía entre los trabajadores.

Así transcurrían los días, durmiendo de día y trabajando de noche, para alguien que nadie había visto. Entre los empleados casi nadie hablaba de lo que allí pasaba y lo que más intrigaba a Tirso era ver los platos que salían como limpios de aquellos comedores. ¿Quiénes podrían llegar con tanta hambre, para no dejar ni una sobrita de comida?.

Un día Tirso quiso desengañarse y a hurtadillas logró ver por la rendija de una puerta a quiens llegaban a comer cada noche. Mejor hubiera sido no averiguar nada, porque Tirso se llevó el susto de su vida: Después que las mujeres servieron la comida y salieron del lugar, cientos de cabros cornudos entraron al comedor y poniendo los cascos en la mesa, lamieron los platos hasta terminarse todo. 

Tirso se asustó muchísimo hasta sentirse un poco enfermo y pasó algunos días en cama, deseando el día que regresara el hombrecito que lo trajo, para poder salir de ese lugar. Después de un tiempo se recuperó del susto y volvió a su trabajo, pero encontró que sus tareas habían cambiado. Ahora debía trabajar en el rastro, destazando animales para el consumo.

Su primera tarea fue ir a matar a una vaca robusta. Sin costumbre de matar animales, tomó el hacha para intentar cortarle la cabeza a la res, cuando ella exclamó: "no me matés mijo, soy tu tía". Tirso sintió morirse al escuchar hablar a la vaca y más diciéndole que era su tía.  

Ella le explicó que a aquél horrendo lugar iban todos los que practiban la magia negra en la tierra y sus almas encarnadas en animales, eran esclavas nocturnas del demonio. "Los cabros que viste  devorar la comida en las mesas, no son más que legiones del cachudo",  le indicó la tía.

Luego le dijo que fingiera seguir enfermo y que pidiera a otro que matara a la vaca, y que luego pidiera irse de allí.

Así lo hizo Tirso y pretextando enfermedad, pidió regresar a su tierra, agradeciendo la oportunidad del trabajo. Al siguiente día, apareció el hombrecito jinete y antes de montarlo en el caballo le dijo: "tomá estos dos costales y llenalos de carbón, que te los vas a llevar".  

Tirso obedeció al hombrecito y llenados los costales, se montó  en ancas y emprendió el viaje de regreso, nuevamente con los ojos vendados y pasando por aquellos lugares hediondos a azufre, donde escuchaba lamentos y susurros.

El canto de los pájaros le indicó que había llegado a tierra conocida y quitándose el pañuelo de los ojos, descendió del aquél enorme caballo. Allí lo dejó el hombrecito, con sus dos costales de carbón, que sorprendentemente, se habían convertido en bolsas llenas de monedas de plata. 

Ahora Tirso era uno más de los que había ido a trabajar al Cerro Colorado y su historia pasaría a ser parte de las leyendas del lugar. A lo mejor de esas que nadie creerá.

Ah, y al regresar a su aldea, llegó a tiempo al entierro de su tía, la que tenía fama de bruja... 




Foto de un lugar que también se llama Cerro Colorado por:   Nathan Gibbs

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