BABOSADAS MIAS Y DEMAS HIERBAS

LA CHACHI, ALOCADA PERIODISTA MUY CHAPINA

27 mayo 2006

MI LOCURA POR EL SOL

Sentí ese lugar muy familiar. Desde lo alto del peñasco, se apreciaba el agua cristalina del mediterráneo, que entraba suavemente en el golfete. Era una tarde tibia y soleada. Me disponía a tomar una copa, cuando escuché esa voz maravillosa y romántica que siempre me ha robado el corazón. Me sorprendí, porque jamás imaginé que realmente se tratara de él. Cantaba al piano, una canción que nunca había oído antes.
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Quise comprobar de inmediato que era él realmente y empecé a caminar entre la gente. Unas veces pedía permiso para pasar en italiano y otras, en francés. Sentí que el camino se hacía largo, pero de repente, allí estaba. Era mi sol, ante un piano de cola blanco y con sus ojos verde-gris me lanzó una mirada y sonrió. Entre sus guardaespaldas, también había otras personas a su alrededor.
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Me acerqué asombrada y pregunté qué pasaba, por qué un hombre como él, estaba cantando en un sitio público, como cualquiera. Me dijeron que acostumbraba llegar a ese lugar donde casi nadie lo conocía bien y aprovechaba para cantar al piano. También que allí se comportaba amable y accesible con todo el que llegaba, a diferencia de su actitud en América y España. Quise quedarme a verlo y me acerqué a saludarlo, aún incrédula de tenerlo tan cerca. Pero vencí mis temores y pude llegar hasta él.
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Platicamos y entre tanto, le conté que desde niña lo admiraba. Que conservaba en mi habitación un retrato suyo que una pintora de luminarias, hizo especialmente para mí, de cuando aún era adolescente. Me escuchaba tan atento, que yo no podía creer mi dicha. Le dije que sólo al verlo y escucharlo, mi vida se llenaba de alegría y de color. Siempre quise decirle eso. Había valido la pena, entonces, el viaje hasta la costa del mar mediterráneo. Con lo caro que sale. No desaproveché la oportunidad para comentarle que una vez, dije a mis amigos que “era hablarle y morir” porque ya había alcanzado mi gran sueño. Volvió a sonreír y me dijo, que no debía ser así.
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La palabra, fue la clave para darme cuenta de que era un sueño. Lo tuve hace dos noches. Ya se habían emocionado, verdad con la novelita. Claro, después de mis aventuras con Chayanne, que sí fueron ciertas, aclaro.
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Pero es que solamente en sueños y en los más profundos, podría llegar a ser una persona amable, Luis Miguel. Sólo en sueños se podría convertir en un ser accesible y sublime. Sólo en sueños, podría hablarme a mí, que lo he perseguido por todos lados y al igual que lo ha hecho con la Cristina, no me ha concedido ni un segundo de entrevista. Así me recorriera el mundo entero y los 7 mares. Y solamente en sueños, podría yo hablar en francés y decir toda esa ensarta de babosadas.
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Hace muchos años, pude verlo de cerca en un concierto en Guate. Y otra vez, por un poquito no llegó a cantar a mi casa, porque dio un concierto en un lugar como a 3 cuadras de donde vivía yo. Me pregunto, ¿por qué Luis Miguel tiene que ser así? Tan creído, tan plomoso, tan cae mal. Si hasta algo trabado, digo yo que es. Pero aún así es mi estrella, mi sueño inalcanzable, con calva y todo. Pero me cae como patada en el fundío. Tanto que el año pasado se presentó en el Madisson y en Atlantic City y no fui, no porque no tuviera el pisto, sino que me dije: “Para qué, si lo único que puede pasar, es que yo me haga más pobre y él más rico, está jodido”.
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Me contó alguien que estuvo en la producción del evento, que el muy pesado pide un montón de gustitos, que le lleven de tres clases de licores a su camerino y hasta agua mineral mexicana. Púchica y ni siquiera se toma nada. Sólo caprichitos. Y tanta es mi decepción, que la otra vez, me dieron una entrada de prensa y saben qué, de puro berrinche, no fui. Pa´que se quedara con las ganas de que yo fuera a su concierto. Ah, si pues, ni durmió esa noche, porque yo no llegué, fíjense.
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Ya no lo voy a buscar para entrevistarlo, porque dicen que se va a casar. Y yo ya tengo con quien juntar mi petate.
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No seré jamás “Su Incondicional”. Así que nuestras vidas son dos líneas paralelas.
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Para lelas, está esto de estar soñando con Luis Miguel. Mejor me quedo bien despiertita, tal vez por allí me sale George Clooney. Bueno, creo que ese estaría más accesible, que este otro taradiquis.
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Sé que suena contradictorio mi post, pero es que me vuelve loca el Sol, este. Pero a pesar de todo su mal modito, ojala siempre me deleite con su voz y sus canciones.
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Lo del retrato es cierto muchá, pero ya estoy pensando en ponerlo en Ebay.
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Foto: Retrato pintado por la artista guatemalteca, Elida Tercero, para colección privada.

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21 mayo 2006

EL DETALLAZO DE CHAYANNE

Mi querido hermano, tiene muchos amigos y conocidos famosos. Lo que pasa es que es cantautor y también por mucho tiempo recibió el título como “Rey de South Beach” por presentar el show más alegre en Ocean Drive, Miami. Ahora se dedica a la ópera. Quién lo diría verdad, después de que ponía a chancletear a medio mundo, en tremenda parranda, ahora solo es Puccini, Cardillo y demás hierbas.

Pero no es de mi carnal que les quiero hablar, sino de su amigo Chayanne. Sí el ex-Chico y ahora re-papacito. Recuerdo que cuando era pequeña y vivía la “Chicomanía”, mi hermana que era madrina de los Bomberos, me lograba entrar a varios eventos para ver de cerca a los 4 patojos. Mi preferido era el Chayancito y en una de esas, pude meterme en una cola con un montón de ischocas canchurrias y creídas, con la ilusión de pasar a saludar a Los Chicos.

Cuál fue mi decepción que los tenían sentados detrás de una mesota bien ancha y uno solamente los podía ver de lejos, como que eran micos del zoológico “La Aurora”.
-Así no- me dije- si a lo que yo vine es a darle una trincada al papaíto del Chayanne. Toda triste pasé saludando de lejos a Migue, luego a Rey, después a Tony, los cuales tenían una su carita de aburridos, peor que la que yo llevaba.

Pero cuando llegué a mi objetivo de esa noche, él me saludó con un “Hola, como estás” y me sonrió. –Ahora es cuando- pensé y le contesté : - Estoy triste, porque yo vine con la ilusión de darte un besito, pero así tan lejos, no voy a poder.

- ¡Eso no es problema! - me dijo, mientras se encaramaba en la mesa y viendo para todos lados, para que no lo regañaran, me plantó un besote tronado y todo, que dejó mirando estrellitas como por una semana.

15 años después, tuve la oportunidad de volverlo a ver en persona, ya ambos, siendo unos adultos (porque no me lo están preguntando, pero somos contemporáneos). Llegó a ver un show de mi hermano y este, me lo re- presentó. Yo no desaproveché la oportunidad para contarle mi sublime aventura cuando éramos chiquitos, casi segura de que no se acordaría. Otra vez, me sorprendió pues me dijo que se recordaba perfectamente de eso que había pasado, porque incluso lo regañaron por subirse a la mesa, a detallarse a una fan.

Se rió mucho, luego me tomó de la cintura diciendo: ¡Qué música tan alegre, hay que bailar!- y me dió una vuelta con los pasos que lo caracterizan. Me sentí bailarina de caja de música. Luego nos tomaron la foto que encabeza este relato. Como era de cuetazo, me entregaron la Polaroid y detrás de ella me escribió lo siguiente: “La vida son los recuerdos, gracias por tu cariño, con amor, Chayanne”.

Ya andaba de novio de su esposa, si no de seguro que se queda bailando conmigo toda la noche. ¡Es bueno soñar, hombre!

Sé que si me vuelve a ver, no me reconocería, pero estoy segura que si le digo quien soy, se ríe otra vez. Ojalá algún día lo pueda saludar de nuevo. Uno como no es artista, pues no se cuida tanto como ellos y él está re-chulo con todo y sus cirugías. Bueno, de chiquita yo era igual de cachetona, así que no creo que extrañe mucho verme ahora. Además que es un hombre muy accesible, carismático y alegre.

Es cierto lo que dicen muchá, cuando hablan de la suerte de la fea. Yo compondría el dicho: “La suerte de la gordita, la desea la delgadita”. Porque eso de fea, dice mi mamá, que no me va. Ah, sí pues, si el amor de las madres es ciego.

Sí porque así rellenita como era entonces y estoy ahora, Chayanne me dio un besotote con abrazo y todo, A MÍ, y no a las patojitas creídas y estiradas que pasaron en la cola.

Aunque en la foto estaba algo flaca yo, verdad.

Saludos a Chayanne, de parte de la niña guatemalteca, por la que se encaramó a la mesa y lo regañaron. Pa´ que veas que te llevo en mi corazón, ¡papaíto lindo! Y el detalle, lo tengo bien presentito, cuando quieras te lo refresco.


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14 mayo 2006

TODOS SERVIMOS PARA MUCHO, PERO NO PARA TODO


Ya les conté que estuve viviendo y trabajando un tiempo por la tierra del mariachi. No, la de mi mariachi, porque esa es por América del Sur. Y con el afán de hacer un poco de voluntariado, decidí darle una mano a unos amigos doctores que viven en México, y me dispuse a hacerle dizque de ayudante y de medio secre.

Bien, estos mis cuates médicos eran re buena onda y me ayudaron mucho con un tratamiento para los males de araña de corpus. Yo, para retribuirles un poco la medicina y todas sus atenciones, llegaba a diario, unas mis horitas, después del trabajo a cambiar las cámaras y los micrófonos, por aparatos de presión y termómetros. También, aprovechaba para dar palabras de aliento a los enfermitos.

Recuerdo que, para tomarles la temperatura, les decía: "abra la boca, levante la lengua, cierre la boca". O si el termómetro era de axilas: "levante el brazo, va a sentir un poco frío, baje el brazo". Ya me lo sabía de memoria. Puchis, yo hasta tenía una mi batita bien chilera y a veces, los pacientes se confundían y me decían "doctora". ¡Ah, ya vas!

A veces me tocaba auxiliar en el asunto de la exploración. Yo lo único que hacía era ayudar al paciente a quitarse los zapatos, a acostarse en la camilla y le ponía una su sabanita en los pies. Con los bebés había un poquito más de trabajo. Todo me gustó, menos cuando les llegó un nene con infección en un oído. Cómo lloraba el pobrecito. Uno de mis amigos le metió un hisopo en la oreja que supuraba una cosa amarilla. La olió y haciéndose el serio, me la puso en la nariz. Ala, ya echaba el buitre yo. Qué tufito. Pero no pude hacer caras feas, ni modo. Después, cuando terminó la consulta, se rió de mí el fregado doctor.

Por otra parte, a mi amigo, no sé por qué le da vergüenza cobrar su trabajo. Entre semana, no hay problema, porque tiene una oficinita especial para que el paciente pase a pagar la consulta, como tienen casi todos lo médicos. Cuando le preguntan cuánto es, solamente dice "abajo le dan su cuenta". Sólo estilos es. Algunos fines de semana, no iban las encargadas y yo me prestaba para decirle al paciente cuánto era, porque para eso de cobrar tampoco soy muy buena, pero no me da clavo estirar la mano.

Lo que nunca he podido es poner una inyección o pinchar a nadie. (Bueno, una vez inyecté a mi chucho, pero le dejé un burrunche en el cuero). Mis amigos, insistían en que yo aprendiera a medir la glucosa en la sangre, pero solamente con pensar en puyarle el dedo a alguien, me ponía re nerviosa. Sólo hacía el show de preparar los algodones con alcohol y las cintitas de medición, y al doctor le tocaba echar el pinchazo. Muchas veces, se ponía bravo, porque yo nunca me atrevía a dar el piquetío. Ah, pero a mi me valía 20.

Una vez, mi amigo había tenido un susto fuerte y decidimos someterlo al glucómetro. ¡Ja! Allí sí me preparé para echarle la picada al doctorcito. Pero, es cierto que dicen que los médicos son los peores pacientes, porque no quería hacerse la prueba, el miedoso. Me tocó casi correrlo por todo el consultorio. Por fin, le agarré el dedo y se puso bien nervioso. Cuando ya tenía lista la lanceta para pegarle el pinchazo, jalaba la mano y no se dejaba. Y tampoco se la quería hacer él solito. Al final, lo agarré bien duro y a él, sí le pude echar el puyoncito.

Estaba bien de salud el doctor, como para que no. Pero nunca me perdonó que lo hubiera pinchado, casi en contra de su voluntad. Quedamos a mano, con lo del hisopito hediondo.

Esa experiencia me sirvió para concluir que todos servimos para mucho, pero definitivamente, no servimos para todo. Porque mi amigo, puede ser muy bueno para su profesión, pero si no tuviera alguien que cobre las consultas, se quedaría pobre para toda la vida. Y para eso de la medicina, yo soy muy buena periodista, porque no me gusta andarle puyando dedos y nalgas a la gente, ni oliendo secreciones. Pero para cobrar, no me chiveo.

Además, así como yo no sirvo para médico, mi amigo el doctorcito no sirve para paciente. Ni pa´ que le piquen nada. Al menos por un ratito, hubo quien tuviera más miedo que yo y me atreví a meter el pinchazo, pero nunca lo volvería a hacer. Prefiero meter el microfonazo, para hacer alguna entrevista, claro.

Saludos a todos lo médicos que alivian nuestro dolor y escuchan nuestras penas.

Foto: www.giftanimados.com

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10 mayo 2006

SANITARIOS DE CAITON EN MILANO

En la universidad, tenía un catedrático bien plomoso y como que creía que nadie podía llegar a ser como él; tanto que cuando se refería a alguna ciudad europea, nos decía por ejemplo: “Como seguramente habrán visto ustedes en fotos, la ciudad de Milán...”. Viejo seroplano, como que nadie podría ir por allá y sólo en fotos alcanzábamos a conocer.

No muchis, si uno trabaja duro y ahorra, algún día puede ir a alguna ciudad de Europa, tomar video y venírselo a enseñar al catedrático, para que se acuerde, pues ya ha de estar más ruco el pizarrín.

Solamente les hago esta referencia para contarles acerca de algo que vi en Milano, Italia, donde muchos de ustedes habrán estado, o de plano visto en fotos, ni modo.

Andaba en esa ciudad tan linda donde verdaderamente en Mcdonald no se vende café con leche sino “capuccino”. La tierra del Inter de Milán, donde juegan unos de los hombres con las piernas más hermosas del mundo, ¡ pásenme la bola mis papaítos preciosos ! Claro que no dejé de comprar mi camisolita del portero, aunque fue en venta callejera, porque en tienda de deportes, me salía mas de 100 dólares y hasta allí no llega tanto il mio amore.

Como siempre, me apretó la tripa y me metí a la primera venta de pizza que encontré, algo cerca de la famosa Galería Vittorio Emanuele. Era un restaurantito medio mico, pero nada fuera de lo común, donde pude escuchar en la radio a Ricky Martín cantando es español, bien de a sombrero. Después de un pequeño taquito de pasta y una copita de vino, me llamó la naturaleza y me paré a buscar un bañito.

Allí como pude pregunté y un mesero bien simpaticón, amablemente me indicó ir a una puertecita en medio de todo. Yo ya apuradita entré dispuesta a sentarme en un tronito milanés, pero cuál fue mi sorpresa, que no encontré taza alguna. Solamente había un hoyito, un chorrito y un lavamanos. Pensé que seguro, me equivoqué al preguntar y realmente me habían enviado a un baño de ducharse uno.

Regresé y volví a intentar hacer la pregunta, esta vez, utilizando la palabra “pipí” y haciendo una señita, por lo que el mismo meserito me llevó a la puerta del mismo cuartito y me dijo “avanti” y me señaló el hoyito (el que estaba en el piso, claro) y se fue. La verdad, yo no le hallaba ni pies ni cabeza al famoso sanitario, por lo que contener por un momento la ganita y me puse a examinarlo.

Había un chorrito a media pared; de cada lado, unos agarradores, abajo un agujerito como en bajadita y a los lados del hoyo estaban pintadas unas siluetas como de zapatones. Entonces, me percaté de que allí había que poner los pies para equilibrarse, agarrarse y echarse la sentadilla. Claro apuntándole bien. Luego de hacer pipí, abrir el chorrito, para echar agua y nada más. ¡Cosa má grande! como dijo Tres Patines.

Me acordé de unos baños que una vez me contó mi abuelita, que vio hace muchos años en el parque de Almolonga, que eran así como en segundo nivel puro poyo de leña: la plancha en alto y el hoyón ciego hasta allá arriba y a la par, unas huellotas de unos caitotes hundidas en el concreto. Puchis, esos tenían que encaramarse primero y hacer en pulman, los fregados.

Pero, como que se me hizo bien raro y retrógrado, ver una cosa parecida en una de las ciudades más famosas e importantes del mundo, centro de la moda internacional, sueño de todo cantante de ópera, uno de los lugares donde se juega el mejor futbol del mundo,
entre otro montón de cosas. Sin embargo, me ganaron las ganas y tuve que hacerle al pírrico. Me sentí como en medio del monte, pero no hubo de otra.

Se lo comenté después a mi amigo Roberto Ballin, quien ni se inmutó. Me dijo eso es muy común en Italia y que es una forma muy higiénica y práctica, donde uno se evita estarse sentando en lugares poco confiables. Ay no, me dije, ¿y si la necesidad fuera otra más tardadita? Me imagino que ha de ser más difícil lo de la puntería.

Bueno, eso me pasa por andar conociendo los lugares en vivo y a todo color, y no quedarme con la foto, como quería mi catedrático presumido de la universidad. A propósito, he visto reproducciones del profe, en algunos de los baños de varias ciudades del nuevo y viejo continente. Claro, los que no están muy limpiecitos.

Foto de Galería Vittorio Emanuele en Milano: www.viajesdelmundo.com

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