BABOSADAS MIAS Y DEMAS HIERBAS

LA CHACHI, ALOCADA PERIODISTA MUY CHAPINA

06 abril 2012

LA RESPUESTA ESTÁ EN LO QUE SIENTA TU CORAZÓN

Ese día me desperté temprano, como todos los que permanecí en Turín. No sé cómo había olvidado por completo que era precisamente en esa ciudad donde podía verla de cerca y, a lo mejor con suerte, podría contemplar la original.

Me rasqué la cabeza, pero al mismo tiempo di mil gracias a Dios por habérmelo recordado a sólamente 2 días antes de mi partida. Sentía que las piernas no me alcanzaban para caminar hasta la Catedral de San Juan Bautista. Para estar segura, cada 2 cuadras, preguntaba a cualquier traúnseunte y todos, me apuntaban con el dedo hacia la misma torre. Buscaba la suntuosidad de las catedrales europeas, pero al llegar a la Piazza, me encontré con una iglesita. Entendí que esta construcción del siglo XIII, posee una capilla, que es la que resguarda el misterio mas grande del cristianismo: La Sábana Santa.

Aún no podía creer mi suerte. Aún no podía creer que pude haberme ido de la ciudad sin verla. Sólo imagino que de haber sido así, siempre lo hubiese lamentado.

Subiendo las 10 gradas hacia el atrio de la capilla, recordé de repente, uno de mis primeros reportajes para la televisión en 1994, que fue acerca de un rostro de Jesús que apareció en el altar mayor de la iglesia en la aldea Bola de Oro, en Chimaltenango, Guatemala. ¿Sería entonces, una especia de predicción a este sueño hecho realidad?. No lo sé.

Entré a la capilla de la Santa Síndone, que un tanto sombría, alberga unas cuantas imágenes. Al fondo, no muy lejos vi el lienzo y sentí una gran emoción. Nunca imaginé que podía estar allí, de frente, tan cerca, tan sola.

Una suave música de clavicordio resonaba en las paredes de aquella antigua capilla y unos cuantos turistas, 3 ó 4 tal vez, merodeaban el recinto. Unos, un poco curiosos, otros aún mas indiferentes. Llegué hasta el lugar donde estaba expuesta. No sabía si hincarme u observarla. Vi esa especie de altar con cortinajes morados y, frente a ella, un hombre de mediana edad, de barba rubia y profundos ojos azules me sonrió. Di dove sei? Me preguntó en italiano, pero al saber mi procedencia siguió hablando en español. Supe que hablaba muchos idiomas. Detrás de mí llegó una chica inglesa, que al igual que yo dijo ser periodista.

Nos dio la bienvenida a las dos y me preguntó si acaso no me importaba que diera la explicación sobre “El Manto” en inglés, para no repetirlo. Accedí.

Con dulce voz, nos habló sobre la naturaleza del lienzo, la tela, y su posible edad. Luego, nos llevó por un viaje imaginario hacia los primeros datos que se encontraron en la historia, tal como la Imagen de Edesa. Nos trasladó a la Constantinopla del año 944, donde en un sermón escrito, se volvió a saber de la existencia de un manto que pudiera haber sido la mortaja de Jesucristo.
Mencionó algo sobre la imagen de un manuscrito húngaro del siglo X.
Acompañamos a la Sábana Santa remontándonos a las cruzadas. Llegamos a Atenas, luego a Francia donde fue vendida, alguna vez a Luis de Saboya, para recuperar un castillo. Atavesó varias ciudades europeas, para terminar al último en Turín en el siglo XIV, tras haber corrido el peligro de quemarse en Francia y donde se impregnó de esas marcas grandes que se aprecian en el manto, al caerle plata caliente. Pero no fue hasta hace poco, en 1983, cuando la Sábana Santa que por siglos había sido propiedad de la Casa de Saboya , fue cedida al Vaticano.
Ha sido estudiada e investigada a través de los años por los mejores historiadores y científicos contemporáneos y su procedencia, la forma en que fue impregnado el cuerpo en la tela y, si realmente es la sábana donde José de Arimatea enviolvió al Señor, aún no se ha logrado establecer. Los fieles le han atribuido propiedades milagrosas, especialmente de sanación y es considerada la Reliquia más antigua de la Iglesia Católica.
Al final de la explicación, la periodista inglesa dio las gracias y se fue. Yo me quede allí, hipnotizada por la imagen, tomé un par de fotos y absorta por las posibilidades e inundada de dudas humanas, volvi mi mirada a su cuidador y le pregunté: - Si, la iglesia católica aún no tiene una prueba exacta de que ésta sea verdaderamente la mortaja de Cristo, ¿por qué la exhibe dentro de la capilla como objeto de veneración?

Tornándose aún más dulce, depositó su mirada en mis ojos y me dijo: Puedo pasar días hablándote del lado científico de la Santa Síndone. Desde el negativo del fotógrafo Secondo Pia, hasta el análisis de DATACIÓN POR CARBONO-14. Podemos hablar de pruebas hechas por la misma NASA y el desarrollo computarizado de un rostro tridimensional, basado en El Manto. Incluso te puedo hablar de que se cree que es una farsa creada por Leonardo Da Vinci, porque hay quienes aseguran que es su autorretrato y fruto de su mente brillante e investigativa.
Sin embargo, te invito a que te quedes de nuevo sola frente a la Santa Síndone, porque todas las respuestas no las vas a encontrar en los libros ni en las investigaciones. La respuesta está en lo que sienta tu corazón.
Entonces sí me hinqué a observar El Manto. Aprecié a un hombre de cuerpo bellísimo, de suave semblante, de manos, pies y costado traspasados. Un hombre coronado de espinas y en cuya espalda se aprecian las marcas de más de 100 latigazos. Sentí una energía desconocida, que no puedo aún describir. No supe cuánto tiempo permanecí en la capilla. Quería quedarme para siempre.
Me levanté y en la puerta, compré una réplica del Santo Sudario. Volví la mirada hacia adentro de la capilla y como por arte de magia, me apareció un sacerdote viejecito, sentado en un confesionario. Me acerqué hacia él con mi "sabanita". Me vió con gran ternura y, con sus manos temblorosas, tomó la réplica y la bendijo. Entre su oración, entendí algo así como salud de los enfermos.
Salí de allí con mi pequeño y personal Santo Sudario de Turín, un recuerdo sencillo de mi visita...Pero también traje conmigo, la joya más grande que pude encontrar: la respuesta de mi corazón..

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Comprendo por qué El Papa Juan Pablo II, definió a la Sábana Santa como una "provocación para la inteligencia".


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Fotografie ufficiali della Santa Sindone : http://members.fortunecity.es/kaildoc/sudario/sudarioturin.htm

SI HACEN CLICK EN LA FOTO DE LA SABANA SANTA, EN TRES SEGUNDOS PODRÁN VER EL NEGATIVO.

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06 abril 2010

¡MUCHÁ, YA VIENE EL MUNDIAL!

¡No'mbre, vos hombre! diría el TAVO, si ya viene otra vez el mundial muchá, qué de a huehuetenango. Eso sí que me encanta, porque ya estoy haciendo mis cuentas de que me voy a disfrutar de 352 pares de piernas, corriendo en la cancha, claro añadiendo también a los que estarán poniéndose calientitos con el chaleco encima y pegando brincos. Pero a los árbirtros y jueces de línea, ni los tomo en cuenta porque nadie los quiere. Esos pobres, deberían de alquilar madre, para que no les gasten a la propia con tanta mentada.

Bueno, para mí el mundial clásico inolvidable fue el de Italia '90 (Y a los que se les escapó un Uuuuuuu, tengan cuidado no los vayan a confundir con el chucho), allí sí que me sabía yo los nombres de todos los jugadores. Claro está que mis preferidos eran los italianitos hermosos, liderados en belleza por el príncipe Giuseppe Gianinni y el gran y novio mío por más de 10 años, el invicto Walter Zenga, chinito de mi alma, que ahora anda bien pelón pelonete, cabeza de cohete, pero al final no me importa si le sale o no, pelo en el cachete... o donde caiga.

Ese Mundial incluso estuvo engalanado por el concierto de los 3 Tenores, que por primera vez se unieron para un evento espectacular, que quedaría enternamente en la hirtoria. Fue un campeonato lleno de lindas sorpresas.

Bueno, pero regresando a las emociones propias del Mundial, hace dos décadas, yo me salía temprano de la U y me iba a ver a mis piernudos. Es que como digo, ese campeonato del '90 fue muy especial. Creo que todos los de mish tiempos no podrán olvidar a Goicochea que entró de puro chiripazo y se convirtió en el mejor portero argentino de los últimos 20 años. O cómo las patojas se morían por el Tony Meola, de Estados Unidos que en esos años los gringos no iban a hacer gran cosa en el futbol.

No se puede olvidar al Maradona que practicamente fue en el último mundial que jugó, porque ya en el '94, en el segundo partido lo sacaron por mañoso y después ya no se dedicó tanto a al pelotazo, como al lineazo y dejó que le creciera tremenda panza. Bueno, después le hicieron el bypass gástrico, pero lo feo no se lo quitaron, ni mucho menos lo pedante y pedorro. Aunque nadie podrá discutir sus grandes aportes al futbol mundial.


Pero hablando de recuerdos de mundiales del siglo pasado, dice mi Negrito que él se acuerda del Mundial de México 1970 (Allí sí digo yo "Uuuuu"), cuando los brasileños, incluido el arquero, hicieron una jugada inolvidable pasando la bola por todos los 11, para marcar un golazo. Entre ellos estaban los jugadores más famosos de esos días como, Carlos Alberto, Jairzinho, Riverinho y el más grande de todos los tiempos, el Rey Pelé (que siempre me he preguntado ¿por qué será que anuncia el Viagra?).

Yo a le lejos me recurdo de la gran goleada que Alemania Occidental le metió a México en 1978. Dicen que los comentaristas mexicanos elogiándolos decían: "qué bien juega México...¡Goool de Alemania! Qué bueno que ahora han mejorado bastante su futbol.

También cómo olvidar las lágrimas derramadas junto a los hondureños en España 1982, cuando se quedaron fuera del mundial ante los yugoslavos, que luego que el árbitro marcara un penal, que hasta la fecha quedó en duda, los catrachos vieron frustadas sus esperanzas y ellos las ilusiones de toda Centroamérica. Pero en este mundial les vamos a echar muchas porras.

Bien, creo que los que saben más de futbol, podrán contar tantas lindas experiencias y recuerdos de esos momentos inolvidables que nos regalan los Campeonatos Mundiales. Esa emoción de llevar la tele al colegio para no dejar de ver los partidos clásicos entre potencias como Argentina y Brasil, Francia e Italia, Inglaterra y España y por qué no decirlo, el tener la oportunidad de vivir a cada segundo la emoción de una gran final, tipujeándose un montón de chucherías.

Haber en este 2010, a quiénes les toca levantar la hermosa Copa. Dios nos dé vida para poder seguir viendo tanto lindo futbol, y ojalá algún día nuestro Selección Azul y Blanco, nos cumpla el sueño de verlos en un Mundial y sean parte de los 352 pares de piernas que yo me voy a disfrutar una vez más.

Haber, ¿de cuántos mundiales se acuerdan y qué me podrían contar?





Foto Copa FIFA: intercentres.cult.gva.es/.../copa-fifa.jpg

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17 enero 2007

¿ANDIAMO AL CHINEMA?

Tomé el tren desde Torino, donde me fuí platicando en inglés, con un amable caballero árabe, quien al llegar a la estación de Milano, insistió amablemente en comprarme los pasajes del subterráneo. Es que entre todo lo que hablamos, le comenté que quería irme a echar un rol al Duomo. Muy decente el señor y muy elegantón. Al principio pensé que me quería para su harem. Ah ya vas, con eunuco y todo. Pero allí nos despedimos.
...
Llegué a esas hermosas calles de Milano, donde no me alcanzaba el pescuezo para ver la impresionante catedral y, entre el vuelo de las palomitas, se me arrimó un papacito lindo, entacuchado, hablándome en italiano. Yo, pues allá con las clases por tele de la Dante Alighieri y la maestra Primorosa del canal 5, poquito le cachaba al fulanito.

¡Ja, el pegue chapín! El muñeco éste me empezó a seguir a todos lados. El Teatro Alla Scala y allí iba el jodido y me pagó el tour. Eso sí me gustó, ni modo. Que al Museo Leonardo Da Vinci y allí iba conmigo. Pero en ese lugar me agarró de la mano, me dijo ¡Súbito! y nos pasamos en un grupo de estudiantes que andaban de excursión. Me hacía reír con su portafolio y su abrigo en la mano, corriendo por el museo y entrando sin pagar. Ah, este es de mi equipo dije yo. Me enseñaba la lengua y me hacía plantas, mero guanaco.
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Les juro que me sentía desconfiada, qué sabía yo quién era ése y qué quería. Yo le decía: - TU PELIGROSO, PELIGROSO. Pero el chavo se reía y me contestaba: - SI, SI - mientras se agarraba los pelos de las manos y se arremangaba el pantalón para enseñarme los de las piernas. Púchica y este qué, decía yo. Lo que pasa es que, él entendía algo así como que yo le estaba diciendo que tenía vellos gruesos o largos. Vaya que no dispuso enseñarme otros pelos.

Me miraba y me decía: - BELLA, BELLA. TUOI OCCHI E TUOI CAPELLI SONO, BELLI, BELLI.
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Eso sí se lo entendí, muchá. Como para que no estuviera yo abriendo más los ojotes y componiéndome las greñas.
...
Pero, cuánto más me lo trataba de sacudir, más se pegaba. Fui a comer pizza e gelato. Ah, de los nombres de la trama en italiano sí me acuerdo, es lo primero. Pero allí pegado el muñeco y me pagó la refacción. A estas alturas yo no sabía cuáles eran las intenciones del italianito, pero me senté a darle a algo, porque ya me apretaba la tripa.
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El muy confianzudo, a cada rato me pedía "BACCIO, BACCIO" y se señalaba el chachete. Yo le pasé un vasito, pero se carcajeó y se sirvió un poco de agua. Comiendo, me miró fijamente y oí que me dijo dos veces, todo emocionado "OYI, OYI".
- ¡Puchis y éste! - pensé yo.
Peor, cuando completó la frase y me dice: - ¿OYI, ANDIAMO AL CHINEMA?

Alagrán, allí sí me arralé. De primas, pensé que me estaba haciendo proposiciones indecorosas el fregado. Ya, después, a medias lenguas y a señas, le entendí que era una invitación: “HOY (oggi) VAMOS (andiamo) AL CINE (al cinema)”. Sí hombre.

No le acepté. No fuera a ser que ya en lo obscurito, me dijera más "oyi" y "chinema". ¡Ya papo! y quién me podría asegurar que no era un mafioso o algo así. Yo solita por esos lares tan lejanos, ¿qué hacía si me robaban? Primero el pariente de Alí Babá del tren y después éste milanés con cara de modelito de Armani. ¡Uy no, qué miedo pues!

No dejé que me acompañara más y me le escabullí por una tiendota de discos y libros. Lo engañé, mientras miraba unos de Boccelli, le dije que iba al baño, salí por otra puerta y me fui corriendito.
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Lástima, porque estaba chulo, pero la verdad me dio miedo. Ustedes dirán que me fui porque ya había paseado y comido de gorra. No, ya en serio, hay que tener cuidado. "La pinta es lo de menos", decía la canción.
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Solamente supe que se llamaba Franco. !Ah! y que tenía los pelos gruesos el muchachón hermoso.
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Algunas palabras en italiano están escritas como se oyen, no en su escritura correcta, para hacer entender mejor la historia.

Foto Armani Collezione: www.neimanmarcus.com

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09 enero 2007

EL RULETERO VOLADOR

En esas mis idas para las Europas, decidí volar por una línea aérea española. Ya me habían dicho que me prepara para ver algunas cosas a las cuales no estaría acostumbrada. La verdad no sabía de qué me hablaban mis amigos, pero tal vez fue esto que chotié

Estaba yo en la puerta de embarque, con una bolsa de mano, una revista, mi pasaporte, ticket de abordaje y un reloj nuevo, sentadita como niña bonita, esperando que se anunciara el poder ya abordar el avión. Pensaba en que si estaba frío por allá, me diera por jodida, porque solo llevaba una chumpa que mi hermano me prestó medio bracas. Entonces iba a parecer foto, o en todas las fotos iba a aparecer la misma chumpa, que al final era lo mismo.

Siempre había visto que cuando ya se va dando la hora de embarcar, un patojo encorbatado, con unos galones en los hombros, revisa unos papeles, se hace un poco el bestia por allí y luego, agarra un micrófono que parece de radio de los 50’s y empieza a saludar en inglés. Después comienza a hablar en español y seguidamente llama a abordar empezando por los de First Class, luego las personas con muchachitos chiquitos, ancianos y limitados físicos. Por último, claro el populacho, o sea donde yo viajo siempre.
 

Esta vez el movimiento de los de la línea aérea fue el mismo, pero observé que no se dijo completo el mensaje. Lo más que alcanzó a decir el pobre cuate fue “Señores vamos a proceder a abordar”.
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¡Púchica! En eso se paran los españolitos, que al final eran casi todos los que iban en ese avión y se amontonaron como en entrada de ruletero que va a Jocotales. Allí no hubo llamada por números, mucho menos deferencias por incapacidad, juventud o falta de ella. Eran todos, queriendo entrar por el pequeño pasillo, como si el que llegara de último, le iba a tocar viajar a la ley de Horacio.

Yo, como siempre tratando de ser muy propia, me quedé sentada un rato, con la leve esperanza de que en algún momento se mencionara el número de mi asiento. Pero después de unos minutos y de pescuecear más de una vez hacia la puerta, me resigné y decidí irme a meter también a la molotera.
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¡Ja! Para eso tenía algo de experiencia, tanto viajar en rule allá en Guate: me quedé paradita en medio de la amontonazón, como quien no quiere la cosa, pero así con los codos un poco abiertos, disponiendo en cualquier momento meter zancadilla diagonal, si era necesario. No dejé avanzar a nadie delante de mí y recordé que hay que caminar como pingüino para pasar mas luego y no irse colgando de la puerta.

Llegué a la entradita en medio de la gritadera y empujadera de estos hijos de la madre patria. Aún pensando en lo de siempre, le enseñé al patojo mi pase de abordar con la pregunta educada “¿Será que ya puedo pasar?” A lo que me contestó tirándose una suave carcajada “Usted pase, si puede”. Ya sentía que en una de esas gritaba, “corranse señores que los asientos son de 6”.

Al regreso, se lo conté a mi cuate español, muy querido por cierto y me aclaró que no todos abordan así, pero se moría de la risa el muy majo. Oleeee si pues vos.

Foto:
http://www.geocities.com/CapeCanaveral/Hangar

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02 diciembre 2006

PA’ ESPAÑA CON GUCCI

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Un día de tantos me dio por irme a las Españas, muchis. Allí entre encontrar un amor y ver si podía atravesarme el estrecho de Gibraltar, para contarle a los cuates que conocí África, así fuera una triste puntita del continente.

Estaba en el aeropuerto de Miami, cuando me fijé que no llevaba reloj y con eso de los trasbordos, probablemente iba a necesitar estar a tiempo. Entonces me fui a un kioskito dentro del Terminal y vi que estaban vendiendo relojes a 10 dólares. Puchis, dije….que topado!

Y allí estaba el relojal, de todos los tamaños y colores y la gente se quitaba y se ponía. Estiraban el brazo así, como para ver como se miraban de lejos. De seguro eran de esos relojitos desechables, que al año le regalas a alguien porque ya sabes que se va a parar en cualquier momento. De esos marca Ginebra, Charly, Agua o que se yo.

Yo también, me empecé a probar reloj tras reloj. De repente vi uno bien chulo y entre la gente lo jalé y me lo puse. Ahhh que tuanis dije. Este me llevo. Y como todos estaban a $10 y en Duty Free, pues solamente di el billetito y me largué.

Me fui algo apurada, porque ya estaban llamando por los altavoces para presentarse en la puerta de embarque. Todavía espere un rato allí, donde construí una historia que ya luego les contaré.

Al poco tiempo, aborde el avión, con la respectiva compermisidera que se da en el pasillo. Al fin me senté, respire un poco, me acomodé y luego, el avión despegó. Al momento de situarse ya en el aire, me pregunté, a que hora salimos al fin…y Cuas!!! que miro el reloj. No me lo van a creer era un Gucci, legítimo, lo supe luego que lo hice avaluar.

Lo único que me dio por pensar fue que alguien se quito su reloj, para medirse uno de esos baratos, en eso lo vi y me lo llevé puesto. Saben, me da pena por la persona, pero que hacía, ni que regresara a pararme a medio aeropuerto a preguntar de quien era ese reloj.

Todavía lo tengo guardado entre mis haberes y siempre recuerdo que por la equivocación de dos, del que se lo quitó por comprar una baratija y la mía, que lo compré por $10, me fui pa’spaña a chilerear con reloj Gucci. Y de plano, chilerié al regreso también.

Foto: CHC

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30 noviembre 2006

UNA ALEGRE COMPAÑÍA, POR ANDALUCÍA

Hace unos años, nos fuimos con una amiga a recorrer el sur de España. Nos rentaron un carrito que dijeron que tenía de todo, incluso aire acondicionado, y que al final nos cobraron como de oro o, lo menos, como si fuera un Lamborghini. Sí, un ojo de la cara y... un huevo que se nos quebró en el camino y lo dejamos todo apestoso.

Nos fuimos pues, en un recorrido desde Madrid, hasta la frontera con Portugal. Íbamos de paseo y en busca de un pueblecito, cerca de Jerez de la Frontera, de nombre Puerto de Santa María, pues nos iba a hospedar un tío de mi amiga que era "teacher", en una escuela de la Base Naval de Rota de la U.S. Navy.
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Ella, novia en ese entonces de mi carnal, gringa como centavo nuevo, no hablaba ni jota de español, mucho menos echarse un brinquito en el baile del mismo nombre. El pueblo me era familiar, porque de chiquita, todos los 10 de Mayo, una maestra pizarrina me ponía a cantar una canción que decía algo así: "En una casita chiquita y muy blanca, camino del Puerto de Santa María..."; toda trágica la rolita, que contaba la historia de una viejecita que estaba ciega de llorar, por culpa de un mal hijo. Hacía chillar a las pobres mamacitas, no sé si de pena o de risa de ver que todos los años salía yo cantándola.
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En ese viaje, fui a España a hablar en inglés, porque todo el titipuchal de horas que hicimos en carretera, la única persona con la que platicaba era con la gringa y, al llegar a nuestro destino, tanto el teacher como la family, eran gringuitos también.
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A propósito de carretera, les cuento que el camino fue una tortura, con un calor de cien mil pulgas, porque el famoso aire acondicionado del carro de oro, resultó ser, abrir las ventanillas y no se sabía dónde había mas calor, si adentro o afuera.
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La manejada fue de perros, porque yo no conduzco tan rápido y sólo miraba que los españoles me rebasaban haciendo un montón de señas con las manos y gesticulando palabrotas. Sólo chula no me decían. Era entonces cuando mi amiga tomaba el volante y nos íbamos hechas pistola.
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Pasábamos las horas dándole al mismo cassette, porque ni CD player tenía el "Lamborghini" ése. Y sólamente llevábamos uno que compré en la tienda de una gasolinera (que las hay a cada cierta distancia), donde sólo venden jugos, y lo que mi amiga bautizó como "Chichi-Movies", porque tienen en la portada mujeres empelotadas que son del gusto de los camioneros que recorren las carreteras A, N, E y no sé qué letras más.
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Así que en todo el camino nos fuimos con la "Palomita Blanca" de Juan Luis Guerra. Al menos, oí algo en español, porque cuando ponía la radio, únicamente se ecuchaba la Radiolé con canciones andaluzas, que ni se entienden bien; le pueden estar sacando la madre a uno que igualmente se oye un guitarrazo y algo como un chillido, con "Euauuu...Euauu...Euauuu". Lo mismo de trágicas que la cancioncita del Día de las Madres. Bellas por un rato, pero no para todo el camino.
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No sé si por el calor de la época o fue una mala racha, pero los españolitos no fueron muy sonrientes con nosotros esa vez. Pobrecitos, algunos parecían que ya nos iban a morder. Y es que no sé qué les pasaba, pues yo conozco a muchos andaluces y hasta uno de mis mejores amigos es español y ninguno de ellos, gruñe... Lo contrario, son personas de muy buen humor y grato hablar. España es un país precioso y lleno de gente linda...pero a saber qué paso.
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En toda esta ruta no conocimos muchas personas amables, creo que andaba una mala vibra por allí. A no ser por un viejito bello que nos regaló unas guías turísticas en una calle de Sevilla, que de paso nos cantineó; y de un patojo que estaba bolo y nos invitaba a un traguito, en un pueblito oscuro de nombre Carmona, a donde entramos de noche en busca de una gasolinera y sólamente sobresalía un castillo en una montaña, que más parecía el de Drácula. Además, en el casi interminable recorrido, nos econtrábamos a cada rato con la gigantesca valla publicitaria de un vino jerez, que es una botella con sombrero y guitarra, que adoptamos como nuestro Tío Pepe, quien amablemente nos acompañó por toda Andalucía, junto a un gigantesco toro negro.
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Mi hipótesis es que, como yo andaba con la gringuita, la mara andaluza no se sentía muy cómoda por el hecho de no entender lo que la aquella y yo hablábamos, junto a un revoltijo mío entre medio inglés y un catizumbo de chapinismos. También, que de todo nos reíamos a carcajada limpia. Lo menos pensaron que éramos algo chusemitas.
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Nadie nos paró bola ni para comprar una falda de bolitas y vuelos, para bailar flamenco. Entramos a la tienda y primero nos anocheció, antes de que la vendedora nos fuera a atender. Lo único que pudimos comprar fue una guitarra para mi hermano y unas maletas, que creo que nos las vendieron para ver si nos largábamos más luego por donde llegamos, con nuestra música pa´otro lao.
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A donde entrábamos todas sonrientes, nos paraban en seco con una cara de retortijón y ni por remedio nos devolvían la sonrisa. Hubo veces que curioseando nosotras, pensaban que ambas éramos gringas y nos pegaban ¡cada maltratada!, creyendo que no íbamos a entender. Era cuando yo, me daba la vuelta y le hablaba en español a la Carrie, quien se quedaba algo en la luna, pero me agarraba la onda; mejor nos regresábamos, por miedo a la rabia, porque de eso está jodido morirse uno.
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Hicimos una parada a comer en la ciudad de Antonio Banderas, Málaga, que con todo respeto a los malagueños salerosos y hermosos, creo que se miraría aún más bella si, como principio, le dieran una su barridita. Para ciudades bonitas en esa ruta, yo creo que Toledo, y la que me pareció muy mágica fue Cádiz. O la bellísima e incomparable Sevilla, con sus calles hermosas y parquecitos con olor a azahares. Pero en gustos de ciudades, les recuerdo que es cosa de cada quien.
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Lo que más me gustó de todos esos lares, fue el Estrecho de Gibraltar, por el hecho de unir a dos continentes, y la arena dorada de las playas. Además, los caballos andaluces, los bailes y el saborcito de los vinos y las tapitas de calamares con aceite de oliva, que mejor no me sigo acordando, porque me agarra la filomena y está largo el tironcito hasta allá.
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En este viaje, no hicimos ni una sola amistad española, con la excepción de "The nicer spanish", ¡Tío Pepe!, que nos acompañó por todo el camino, con su grata figura junto al torote igual de gigante de Osborne, que a veces nos aparecía en la pradera andaluza, todo negrote y no dejaba de asustarnos un poquillo; sino, también, porque nos recetamos una botellita del Jerez, que yo digo era la culpable de nuestras carcajadas y de hacernos parecer un tanto lorocas.
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Pero al final, estuvimos alegres. Cómo no se nos ocurrió darle un traguito de vino a los enojaditos que encontramos en nuestro camino, ¿verdad?

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Saludos a Carlitos, Carmen, Fernando, Isabel y Fichi, con todo mi cariño, ustedes son excepcionales. Doña Carmen, no sabe cómo extraño su comida.
Gracias Goathemala por tus apreciaciones.
Foto de valla espectacular de Jerez Tío Pepe: http://www.flickr.com/photos/joserri/34703633/

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09 julio 2006

¡DE VERAS QUE HAY GENTE SHUCA!

Me quedé atascada una vez en el aeropuerto de Barcelona porque los pilotos de Iberia habían hecho una huelga, demandando mejoras salariales y otras prestaciones. Recuerdo que me dijeron que debía esperar mi vuelo en una puerta de embarque determinada. La hora se daba, pero el avión nunca llegó.

A cada rato me daban una hora nueva, pero nada. Me instalé en la sala y me puse a ver las novelas que pasaban en la tele; estaban dando “La Usurpadora”. Hasta los zapatos me quité y fui a comprar chucherías, según yo, en cualquier momento llegaría el avión que me llevaría a Madrid. Algún día seguro que llegó, pero no fue ese.

Ya después de varias horas de novelas y programas de concursos, mejor me fui a averiguar a otro lado, qué estaba pasando allí y me dijeron que fuera a preguntar a un mostrador internacional, donde había una colona. Ala puchis, qué hueva, me dije. Pero me puse detrás de dos francesas. De repente me empezó a llegar una hedentina a sobacos, revuelto con vientos sureños, seborrea, hongos en las patas y demás hierbas descompuestas.

¡Ulugrún! eran las francesas, muchá. De verdad que por un momento me sentí en el Holocausto judío y, tenía dos opciones: seguir allí o salir corriendo a echar el buitre a otro lado. Ah, no me importó perder mi fila, ese bouquet de pestilencias no era para mí.

Así que mi viaje seguro fue al baño a hacer una devolución forzada de todas mis chucherías. Pero qué rico fue salir de esa cola. Regresé y me senté con vista hacia el mostrador, pero lo suficientemente lejos para que no me llegara tan fuerte el tufo de esas dos shucas. De plano, tenían como 6 meses de no darse ni un baño polaco (cara, fundío y sobaco).

Bueno, es cierto que en muchas partes de Europa, el agua se cuida mucho, pues es escasa. Pero sí hay chance de darse un bañito medio rápido. En la mayoría de lugares, las regaderas son como aquellas bombillas que tienen una pita para encender. Se jala, cae agua, se suelta y se enjabona uno (qué frrríoooo). Otra vez, se jala para desaguarse.

Nada de los baños extensos que nos damos por estos rumbos. A muchos nos da tiempo de leer, hacernos el spa en casa y otros, hasta se echan el chacuaco en la bañera.

Pero hablando de bañeras, no recuerdo quién me contó que por algún lugar de Europa donde estuvo de estudiante-huésped, le dijeron en la casa donde vivía, que una vez al mes había baño de tina. ¡Qué rico! Dice que dijo. Cuando se llegó ese día, le indicaron que cuando llegara su turno, podía meterse a la bañera. Lo único que esa bañera no se vaciaba después de que cada uno se metía. Era la misma agua para todos. ¡Qué asco!

Bueno, no todos pueden tener las felicidades con las que nosotros contamos. Yo creo que eso de que todos los europeos no se bañan, no es tan cierto. Cuando uno aborda los buses de primera hora en Madrid, esos donde va la clase trabajadora. Le llegan a uno un montón de olores a limpio, especialmente a Aqua Velva. Se ve que la gente va aseada.

Pero ese mito de que solamente los europeos no se bañan, se termina de morir cuando uno se mete a alguna camioneta en Guatemala. No me dejarán mentir que eso es caso aparte, especialmente por los olores internos que muchos aprovechan a expeler.

Conozco a un señor del altiplano, que se baña cada vez que ya no aguanta ni él mismo, su mal olor. Entonces calienta agua y después del baño se envuelve en 3 suéteres, se pone gorro y ya no sale ni al patio. Y no es porque no cuente con suficiente agua, sino porque ya es parte de sus costumbres.

Sé que en muchos lugares de nuestro país no llega agua y hay que caminar horas para ir a traerla en recipientes. Eso es parte de nuestra triste historia nacional. Y lamentablemente, es probable que eso, no haya fomentado una cultura de baño diario. Aunque dicen por allí que los nativos chapines, fueron los que enseñaron a los españoles a bañarse todos los días.

Pero a saber. El otro día estaba sentada en un cyber-café y tuve que levantarme porque a mi lado se puso un cuate (ladino), que apestaba creo que igual o peor que las francesas. Ese hedía a todo lo imaginable: patas shucas, mal aliento, sudor viejo. Solamente de acordarme me da revoltijo.

A veces hasta uno no anda muy oloroso que digamos, debido a un día agitado, pero hay olores de la gente que se aguantan y hasta se hace uno el loco. En cambio, hay otros que me han sacado revirada de algunos lugares. Que conste, que no tengo nada en contra de ninguna raza, nacionalidad o etnia, pero creo que a la persona a la que le gusta la limpieza, como sea busca mantenerse aseada. Eso pienso yo. Aunque sea con el baño polaco, verdad.

Bueno, no quiero dejarlos con la duda de cómo resolví lo mi estancamiento en Barcelona. Cuando se fueron las hediondas, volví a hacer mi colita, me anotaron en un puente aéreo, del cual nadie me había hablado anteriormente. Salí corriendo y llegué casi cerrando al último avión a Madrid y muy lejos de la peste de aquellas dos francesas. Creo que me dejaron traumada, las shucas esas.
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10 mayo 2006

SANITARIOS DE CAITON EN MILANO

En la universidad, tenía un catedrático bien plomoso y como que creía que nadie podía llegar a ser como él; tanto que cuando se refería a alguna ciudad europea, nos decía por ejemplo: “Como seguramente habrán visto ustedes en fotos, la ciudad de Milán...”. Viejo seroplano, como que nadie podría ir por allá y sólo en fotos alcanzábamos a conocer.

No muchis, si uno trabaja duro y ahorra, algún día puede ir a alguna ciudad de Europa, tomar video y venírselo a enseñar al catedrático, para que se acuerde, pues ya ha de estar más ruco el pizarrín.

Solamente les hago esta referencia para contarles acerca de algo que vi en Milano, Italia, donde muchos de ustedes habrán estado, o de plano visto en fotos, ni modo.

Andaba en esa ciudad tan linda donde verdaderamente en Mcdonald no se vende café con leche sino “capuccino”. La tierra del Inter de Milán, donde juegan unos de los hombres con las piernas más hermosas del mundo, ¡ pásenme la bola mis papaítos preciosos ! Claro que no dejé de comprar mi camisolita del portero, aunque fue en venta callejera, porque en tienda de deportes, me salía mas de 100 dólares y hasta allí no llega tanto il mio amore.

Como siempre, me apretó la tripa y me metí a la primera venta de pizza que encontré, algo cerca de la famosa Galería Vittorio Emanuele. Era un restaurantito medio mico, pero nada fuera de lo común, donde pude escuchar en la radio a Ricky Martín cantando es español, bien de a sombrero. Después de un pequeño taquito de pasta y una copita de vino, me llamó la naturaleza y me paré a buscar un bañito.

Allí como pude pregunté y un mesero bien simpaticón, amablemente me indicó ir a una puertecita en medio de todo. Yo ya apuradita entré dispuesta a sentarme en un tronito milanés, pero cuál fue mi sorpresa, que no encontré taza alguna. Solamente había un hoyito, un chorrito y un lavamanos. Pensé que seguro, me equivoqué al preguntar y realmente me habían enviado a un baño de ducharse uno.

Regresé y volví a intentar hacer la pregunta, esta vez, utilizando la palabra “pipí” y haciendo una señita, por lo que el mismo meserito me llevó a la puerta del mismo cuartito y me dijo “avanti” y me señaló el hoyito (el que estaba en el piso, claro) y se fue. La verdad, yo no le hallaba ni pies ni cabeza al famoso sanitario, por lo que contener por un momento la ganita y me puse a examinarlo.

Había un chorrito a media pared; de cada lado, unos agarradores, abajo un agujerito como en bajadita y a los lados del hoyo estaban pintadas unas siluetas como de zapatones. Entonces, me percaté de que allí había que poner los pies para equilibrarse, agarrarse y echarse la sentadilla. Claro apuntándole bien. Luego de hacer pipí, abrir el chorrito, para echar agua y nada más. ¡Cosa má grande! como dijo Tres Patines.

Me acordé de unos baños que una vez me contó mi abuelita, que vio hace muchos años en el parque de Almolonga, que eran así como en segundo nivel puro poyo de leña: la plancha en alto y el hoyón ciego hasta allá arriba y a la par, unas huellotas de unos caitotes hundidas en el concreto. Puchis, esos tenían que encaramarse primero y hacer en pulman, los fregados.

Pero, como que se me hizo bien raro y retrógrado, ver una cosa parecida en una de las ciudades más famosas e importantes del mundo, centro de la moda internacional, sueño de todo cantante de ópera, uno de los lugares donde se juega el mejor futbol del mundo,
entre otro montón de cosas. Sin embargo, me ganaron las ganas y tuve que hacerle al pírrico. Me sentí como en medio del monte, pero no hubo de otra.

Se lo comenté después a mi amigo Roberto Ballin, quien ni se inmutó. Me dijo eso es muy común en Italia y que es una forma muy higiénica y práctica, donde uno se evita estarse sentando en lugares poco confiables. Ay no, me dije, ¿y si la necesidad fuera otra más tardadita? Me imagino que ha de ser más difícil lo de la puntería.

Bueno, eso me pasa por andar conociendo los lugares en vivo y a todo color, y no quedarme con la foto, como quería mi catedrático presumido de la universidad. A propósito, he visto reproducciones del profe, en algunos de los baños de varias ciudades del nuevo y viejo continente. Claro, los que no están muy limpiecitos.

Foto de Galería Vittorio Emanuele en Milano: www.viajesdelmundo.com

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01 marzo 2006

VIAJANDO DE GROLIS EN TORINO

Ahora que acaban de pasar los Juegos Olímpicos de Invierno, estuve recordando algunas babosadas que me pasaron por allá por la Italia, especialmente una vez que pude ir a Torino a visitar a la Virgen Maria Auxiliadora.

En una de esas me quise ir a dar una vuelta por Milano y otros lugares tan chulos que hay por allá y que definitivamente tenia que ver, porque a saber si iba a regresar. Toca trabajar duro y juntar len por len, para ir a darse esos reguiletes.

Fui a dar a una posada en Valdocco, donde hice muchos amigos a quienes preguntaba siempre qué hacer a la hora de salir. Bueno, decidí irme en camioneta y solamente me indicaron dónde y cuál debía tomar para llegar a la Estación de Porta Nova. Además de cuanto costaba el bus urbano.

Me levanté muy temprano y me fui a la parada de la camioneta. Esperé un ratito a la par de la cigarrería donde me indicaron mis cuates esperar y enseguida se apareció tremendo busón, bien chilereques. Había mas personas allí que subieron conmigo, la mayoría estudiantes. Cuál fue mi asombro que el chofer, iba todo cristalizado el hombre. Para nada me vio, no había forma de contacto con él. Yo con mi pistío en la mano, esperando dárselo o echarlo en alguna maquinita.

Pero no muchá, para nada. La cosa es que me metí, me fui a sentar y me puse a volar medias lenguas con una señora tan chula, que me dijo donde bajarme. Pero yo iba maravillada y un poco intrigada, porque no veía que nadie pagara pasaje. Y pensé que de verdad, Italia es un país muy desarrollado porque a la hora que viajan los estudiantes y los trabajadores la camioneta es gratis. ¡Va pues!

El asunto es que me fui y al regreso no tomé el bus, sino que el tren me dejó en una parada cerca de Valdocco y preferí caminar. Y así me pasee por Italia varias veces. Hasta que una vez les comenté a mis amigos y no dejé de mencionarles la maravilla de transporte público que tenían y el gran nivel de desarrollo, porque no cobraban el bus a las horas pico, seguro, les dije, para evitar congestionamientos.

Mi amigo Hettore me vio e hizo una señal muy italiana con la mano y me dijo, que perdonara, que se le había olvidado advertirme que yo debí comprar el pasaje antes de tomar el bus y no se qué otras cosas tenía que hacer antes de subir. Que de haber entrado un inspector, me hubiera pedido ticket y si no le tenía, me hubiese puesto tremenda multota y de paso, bajarme de la camio, de plano yo con cara de mula.

Para ellos, corrí con suerte. Yo me ataqué de la risa, porque ya no volví a tomar bus en Torino y la verdad, nunca terminé de averiguar como era la movida del pasaje. Preferí quedarme con la idea de una ciudad tan linda, donde me carrocearon gratis y de paso, encontré gente maravillosa que siempre quiero volver a ver.

Ojala ningún funcionario de la Cittá vea este post, no vaya a ser que decidan mandarme a cobrar todos los pasajes de camioneta, eso si que va a estar fregado.

Foto calle de Torino: http://www.pbase.com/karibaer/piemont

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