BABOSADAS MIAS Y DEMAS HIERBAS

LA CHACHI, ALOCADA PERIODISTA MUY CHAPINA

04 marzo 2008

UN SUSPIRO

Una mi tía, en segundo grado de consanguinidad, tenía una tiendecita de esas de ventana, en un lindo pueblo del altiplano guatemalteco. Mi tía es rellenita, como yo (tal vez un poquito más) y chaparrita. Además de vender golosinas, vendía el pan riquísimo que ella misma hacía como shecas, salporitas, francés de sal, pan dulce y los pequeños suspiros.

Vive aún en una de aquellas antiguas casas blancas, con techo de teja, patio grande y un corredor bien largo que al final tiene la cocina y por supuesto, el horno de iglú en el traspatio.

Mi querida tía, la mayoría de las veces se quedaba sola a cargo de la tiendecita, por lo que tenía que estar entre la ventana atendiendo sus clientes y el horno del fondo, cuidando que no se quemara el pan. Así que en una de tantas, estaba horneando las ricas "shecas", cuando escuchó que alguien golpeaba el mostrador de madera con una moneda mientras le gritaba con voz insistente y aguda:

- ¡Nía Conchitaaaaaaaa!, ¡Nía Conchitaaaaaaaa!

Mi tía acalorada por el fuego del horno, salió corriendo la pobre aguantando el peso de su cuerpo, mientras seguían golpeando el mostrador y gritando insistentemente:

-¡Nía Conchitaaaaaaaa!, ¡Nía Conchitaaaaaaaa!

Se atravesó el traspatio, la cocina, el jardín, los cuartos y cuando iba por la sala ya casi con la lengua de fuera, vio a un patojito estirando el pescuezo y tratando de ver para adentro con los ojos bien abiertos, mientras le seguía gritando:

- ¡Nía Conchitaaaaaaaa!, ¡Nía Conchitaaaaaaaa!

Muy agitada y sientiendo como que el corazón se le salía, mi tía cayó casi postrada detrás del mostrador pero alcanzó ver al niño con cara de atención para saber cuál era su urgencia. Él cuando la vio, le dijo muy tranquilamente:

- Me da un Suspiro.

Claro que mi tía le dio un Suspiro, pero desde muy dentro de su corazón, por el cansancio que traía y la tremenda decepción que le provocó el que la hizo correr por una galleta que en ese tiempo, valía un centavo.

Sé que muchos de nosotros hicimos más de una vez lo mismo con alguna pobre mujer, sólamente por un caramelito de aquellos de a 4 por centavo. Pero que no fuera a ser doña Toribia que cuando algún patojo la hacía atravesarse toda la casa para preguntarle por algo que ni siquiera había, le metía tremenda maltratada.

O tal vez fuimos como aquellos patojos que se quedan pensando todavía qué van a comprar y preguntando cuánto cuesta cada cosa, para al final llevarse lo más barato, mientras a la pobre doña se le queman los frijoles.

Pero, como reza el dicho: "El que tenga tienda, que la atienda", no importa si vendiendo sólamente un triste Suspiro.

Cuéntenme alguna anécdota, aunque sea una de aquellas donde doña Chila vendía franceses cuyo relleno era un banano recién pelado.


Foto 1:http://flickr.com/photos/borgnamarco/118794980/
Foto 2: http://antiguadailyphoto.com/


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17 Comments:

At miércoles, 05 marzo, 2008, Blogger Leon said...

Nunca olvido a una tienda que estaba a la vuelta de la casa, sobre la 6a. Avendia. A la dueña le decían La Tigra, era una mujer terrible. Pero inolvidable y te voy a piratear la idea, voy a escribir esas anécdotas en mi blog. Gracias por estos recuerdos, en cierta forma, son del inconsiente colectivo de todos los chapines. Un saludo amiga.

 
At miércoles, 05 marzo, 2008, Blogger Goathemala said...

No fue la venta del siglo...

Mi padre tenía una tienda en mi pueblo andaluz cuando era niño. Me crié en ese ambiente comercial de pedidos y ventas.

¡Qué recuerdos!

Saludos.

 
At jueves, 06 marzo, 2008, Anonymous Mincho said...

Hola Chachi
Es primera vez que comento, aunque teng algun tiempo de leer lo que escribes. Me gusta mucho tu estilo porque pareciera que tomaras una fotografia del tiempo y la plasmaras en letras. Creo que todos tenemos experiencias inolvidables especialmente de nuestra niñez, pero pocos tienen esa habilidad para redactar tan magistralmente. Me gusto mucho tu relato de hoy, me hizo recordar cuando era patojo y fregabamos a una señora de la tienda de mi colonia, siempre le ibamos a preguntar por algo que ya sabiamos que no tenia y la pobre vivia toda frustrada, creo.

Saludos Chachi.

 
At jueves, 06 marzo, 2008, Blogger La Filistea said...

Gracias Chachi, que tierno post.

En mi colonia estaba doña Julita, que tenía una tienda y atendía por una ventana, le costaba mucho caminar, y la tienda era pequeñita, pero en lo que iba a su gaveta a traer el vuelto, -si andas de prisa era un martirio- se tardaba una eternidad.

Pero siempre tenía lo que no habían en otras tiendas, medicinas queno encontrabas pero ni en la farmacia más surtida.

Una vez me fué despertar como a las 6 de la mañana porque dejó las llaves adentro de su casa, y no había manera de entrar sino por los barrotes de la ventana, entonces mi hermano que en ese tiempo era un alfiler de flaco, lo hicimos pasar por los barrotes. Y ella bien agradecida. Era la reina de la fietas bailando marimba.


Hace poco mi papá me contó que doña Julita se murió, ese día me la pasé triste. Es como si la memoría te obligara a borrar a un pedazo de tu historia.

Bello Post!
Nunca conocí los "suspiros" cuales son?

 
At viernes, 07 marzo, 2008, Blogger FENG S LIONG KING... said...

Halla en mi queridísimo Palo Gordo, en el departamento de San Marcos. Había un señor que le decían don nacho vacas, eso era cuando yo tenía como 5 años; ya que siempre andábamos de aquí, para allá y de allá hasta por más… allá. (Antes de vivir en mi tierra natal, la del venado.) Ese señor era conocido porque siempre andaba con sus 7 vacas, a las cuales quería mucho, pues él decía que eran sus mujeres, y por supuesto no había ningún vaco que lo toreara. La mamá de él, era una ancianita que le gustaba secuestrar patojitos. La señora tenía ya como unos 80 años pero estaba todavía bien viva. Tenía una tiendecita bien surtida, y era la única tienda que estaba cerquita. Y uno por no ir tan lejos mejor iba allí a la tiendecita que se llamaba “la perlita”, también era el nombre de una de las vacas de -don nacho vacas-. La cosa es que una vez mi mamá me mando por una libra de azúcar. A mí me daba miedo ir porque siempre decían que ella agarraba a los patojitos y se los robaba, también era lo que utilizaban las tías o los tíos para decir, ¡Balla, allí viene doña chica, te va llevar si no haces caso! Con tal de asustarlo a uno para que fuese obediente.

Aquella vez yo preferí ir corriendo hasta la otra tienda que estaba en la bajadota… y cerca de la carretera. Como a unos 500 metros, estaba un poquito lejos. Me fui corriendo y al llegar no había azúcar, no me quedaba de otra más que ir a la tienda de doña chica, me regresé como venado en peligro empujando una llanta de bicicleta que siempre andaba rodando frente a mí. Llegué a la tiendecita aquella y cuando toqué bien asustado. Salio una viejecita con cara enojona y me dijo muy secamente “¿Qué quiere?” yo le respondí sacando la lengua pero por la tremenda carrera que me eché, pero aquello sirvió para que la doñita me secuestrara también a mí. Salió la doña y ya ni tiempo de correr me dio, pues me había quedado como estático. Me agarró, lo único que hice fue cerrar los ojos y dejar que me llevara a un cuarto que tenían hasta atrás cerca del corralón de las vacas. Allí era donde ellos vivían. ¡Vaya secuestro tan bonito! Me empezó a dar de galguerías: que ricitos, que poporopos, que refresco, que… pues de todo. Como a la hora me dejó ir. Claro, sabia que mi mamá me iba a regañar, pero cuando vio con la bolsa que yo iba ya ni me dijo nada, pues me le adelanté a decirle que dona chica me había regalado todo aquello.

Muy dudosa mi mamá, se va para la tiendecita y llama a la señora para preguntarle ¿Por qué me había dado aquella bolsa llena de víveres? La ancianita le respondió que era porque gracias a Dios ella siempre tenia qué comer… en cambio al ver todas las galguerías que yo me comí, supuso que yo tenia mucha hambre y fue motivo suficiente para creer que en la casa nos hacia falta comida a mí y a mis demás hermanitos. Yo me acuerdo que mi mamá ya casi iba a llorar porque era cierto, solo tenia para comprar una libra de azúcar para nuestra agua y lo bueno esque todavía teníamos sal para nuestras tortillas, por que eso si, el maíz nunca nos faltaba.

Saludos guate….


ATT. Rey de la selva.

 
At viernes, 07 marzo, 2008, Blogger NicteKono said...

Linda historia la de don Feng s...
Yo recuerdos de tienda casi no tengo, mi padre no nos dejaba ir solas, nunca... pero mi tía tenía una, cada vez que ibamos a su casa comíamos dulces, chocolates, gaseosas... de todo! Cuando estaban de moda Los Chicos, nos regalo una foto, de las que tenía para venta. Esa todavía anda guardada por ahi... parece que mas de algun recuerdo tengo, no?

 
At sábado, 08 marzo, 2008, Blogger PROSÓDICA said...

Ya no soy niña pero me sigue pasando cada vez que voy al chiclero de la esquina de mi trabajo jjejjejejeje. Empiezo pregunatndo cuanto culo esta esto y lo otro hasta que desespero al tipo. Al final me paro llevando un chicle o una cosita asi......y es que cuando ves tanta golosina es dificil decidirse Chachi, aun cuando andes entrada en edad.

Saludos y abrazos

 
At sábado, 08 marzo, 2008, Blogger Andy said...

Qué Dios tenga en su Santa Gloria a Doña Toya, la señora de la tienda de la esquina, que siempre que uno iba a pagar con monedas preguntaba si habíamos roto la alcancía o asaltado un ruletero, jajaja. Siempre había algún motivo para regañarnos, pero también hay que mencionar que de igual manera siempre se reía de nuestras ocurrencias de patojitos.

Hace unos años que la tiena en cuestión ya no existe, pero yo aun recuerdo la sensación de estrellarse en la bicicleta contra las tres gradas de la entrada por tratar de hacer una "guanaquita" antes de entrar a comprar un par de chocolates Guayabitas.

Abrazos Chachi.

 
At domingo, 09 marzo, 2008, Anonymous pacunar said...

Muy bonita!! estas historias nunca faltan, cada quien en su entorno, verdad?

Mi abuelita (QEPD) fue una persona maravillosa, y al vivir sola en su casa se dedicó a tener muchos negocios, y uno de ellos fue tener un tiempo una tienda por kaminal juyú, a veces la atendía ella, a veces su hermana y otras veces otras personas que alquilaban cuarto. El asunto es que a mis hermanos y a mi nos encantaba la idea de ser los consentidos de "la dueña" de la tienda, pues cada vez que llegábamos salíamos cada uno con un choco-panda y unos de estos que no me acuerdo el nombre pero que eran paquetitos de dulce con una paletita y que venian con sabor a vainilla/chocolate o fresa/chocolate. Al pensar en una tienda, SIEMPRE me recuerdo de la tienda de mi abuelita, pues como alguien dijo por alli, no tenía muchas tiendas por mi casa y esa era la de siempre :)
Aqui en madrid hay "chinos", que vienen siendo como las tiendas, pero no es lo mismo... no puedo negar que extraño tener una a la vuelta de mi casa una tarde a las 6pm con ganas de una pepsi y unos tor-trix, ricitos o choco-pandas :P
saludos!!

 
At domingo, 09 marzo, 2008, Anonymous MaR said...

Recuerdo la tienda de la esquina de mi casa (sector Cruz Blanca, San Pedro Sac., San Marcos), el dueño era Elmer (soplapisto o soplafichas), tenia la costumbre de soplar las fichas con que uno le pagaba, a saber de donde agarro esa costumbre. A esa tienda tambien le llamabamos El Museo, porque solo especies raras se conseguian ahi. Creo que esa era la tienda mas pintoresca de mi pueblo.

 
At lunes, 10 marzo, 2008, Blogger The Black Wizard said...

yo si fui culei con el don de la tienda de mi colonia, la verdad es que si, en mi colonia eramos una banda de bandalos bochincheros que nos ganabamos el odio y desprecio de toda la comunidad de viejas, resultaba ser entonces que a nuestra edad de infantes llegabamos a la tienda a comprar un misero chocolate y con tal de fregar la pita nos quedabamos todos chingando en la acera de la tienda, claro en nuestras casas no nos soportaban asi que nos endosaron con el don de la tienda que nos tenia una paciencia de la gran diabla y le valia un cacho que le espataramos a los clientes, como quien dice que la tienda fue la que se convirtio en nuestro punto de encuentro o en nuestro lugar de estar cuando saliamos a las calles a jugar, digamos que el don este fue testigo de como todos esos mocosos fuimos creciendo, y la cronologia de nuestras compras se evidenciaba en nuestro desarrollo de edad, te digo alli fue donde me heche mi primera cerveza y fue el quien me la vendio cuando tenia como 11 años, sin embargo lamentablemente dejo de ser nuestro punto de reunion un dia que a la edad de 13 años empezaba a fumar y sin querer y hasta el dia de hoy desconozco como una chenca del cigarro qeu tire produjo un leve incendio en la pequeña e improvisada venta de cuetes del don de la tienda (eran aqellos dias de navidad), y agarro fuego toda la mesita de cuetes, el don salio con una cubeta de agua y mas fue el espaviento que lo que realmente se quemo, al final de las cansadas el don me llevo a mi casa y se quejo con mis papas quienes por defenderme a mi se pelearon con el don de la tienda... pase como tres años de no acercarme a la tienda de ese don hasta que me entere que la habia vendido y ya pude regresar...ah esas anecdotas de tienda de colonia o de barrio son muy buenas, tanto como el post... saludos!

 
At lunes, 10 marzo, 2008, Blogger SCD said...

Mi abuela tenia tienda y seguro que, como todos los que han tenido o tienen un negocito, ha vivido situaciones similares a esta.

Muy buen post, con todo y suspiro ;-)

Saludos!!!

 
At lunes, 10 marzo, 2008, Blogger Clara y Pepe (los Chuquis) said...

Uf!! ¡¡anécdotas tenemos a patadas!!, vos te referís a historias sobre tiendas y almacenes,¿o en general?. Si es en general, podés elegir la que más te guste de mi blog y traértela,jajajaja!!!
Besos Chachi.

 
At martes, 11 marzo, 2008, Anonymous Anónimo said...

Ay, que chilero tu blog, yo soy patojo todavia y hoy entre por primera vez aca (Por el link que tiene Karla Hufford) y me encanto, solo lei 4 "historias" y me quede picado... Excelente trabajo... Sobre este tema, ni se los cuento a mis papas xq se pasan mil horas contandome su pasado, que es bastante jijiji... Bye♥

 
At jueves, 13 marzo, 2008, Blogger EL ENMASCARADO said...

En la casa de mis padres aun hay un horno circular de barro que mi madre usa para hacer su pan tradicional, tortas, espumillas, champurradas, cubiletes, relampagos, quezadillas, pan de maiz, semitas y hasta ahora con la globalizacion PIZZA.

 
At viernes, 14 marzo, 2008, Blogger AntiguaDailyPhoto.Com said...

Chachi, qué falta de confianza la tuya, vaa. Las fotos que describen están allí para que las uses, pues no más dando el crédito.

Muestrario de pan
http://www.flickr.com/photos/antiguadailyphoto/480892974/

y

Tiendita de ventana
http://www.flickr.com/photos/antiguadailyphoto/2325604690/

Por cierto, que me has traído gratas memorias.

 
At martes, 25 marzo, 2008, Blogger Pablo André said...

UY!!! ME ACUERDO DE ESA TIENDA, ESTA EN LA ANTGUA, JEJEJE QUE BUENISIMO!!!

 

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