BABOSADAS MIAS Y DEMAS HIERBAS

LA CHACHI, ALOCADA PERIODISTA MUY CHAPINA

29 mayo 2009

CHIVO NO ES SÓLO EL BARBUDO CON CACHOS

Jamás fui buena para llevar chivos a los exámenes. Bien, primero para los extranjeros que no saben qué fregados es un "chivo", éste puede ser un papelito o un apunte con letra bien chiquita (en cualquier parte del cuerpo), que se lleva como "apoyo" para un examen escrito.

Como estudiante nunca fui de las peores, aunque no era buena para la matemática, física y todo lo que tuviera que ver con fórmulas y números, tampoco estuve entre las regulares, eso quiere decir que en los actos cívicos estaba un poco cansada de caminar hasta adelante y que todo el mundo me viera, pero siempre hacía lo posible para no llevar la bandera, no porque no tuviera la capacidad para merecerla (modestia aparte vos Chon), sino porque me daba hueva ya que pesaba mucho.

Así que no me atrevía a hacer chivos, no sólo porque por algún descuido iba a perder mi bien ganada reputación del cuadro de honor, sino también porque me daba un gran miedo; sólo con el hecho de pensar en sacar uno en el examen se me arralaba todo. Me sudaban las manos y hasta ganas de ir al baño me daban. Siempre admiré a los que copiaban, porque se las jugaban todas. Yo en cambio, recurría al viejo truco de estudiar (la nerda).


Ya en los estudios superiores, pensé que esa habilidad de compresión, lo conjugaba muy bien con el uso de la palabra escrita, así que ofrecía mis servicios para hacerle los trabajos a los que no se les daba muy bien la escritura de ensayos. Cobraba, en ese tiempo, 100 quetzales por trabajo, o un perfume francés ...ji ji ji. Se me hacía tan fácil escribir de diferentes formas el mismo ensayo, que llegué a ganar mi buen pisto. A veces, el ensayo vendido, tenía mejor nota que el mío. Gajes del oficio. (No se lo cuenten a nadie).


Pero siguiendo con lo de los famoso "chivos" en alrededor de 20 años de estudios, pude ver de toda clase y osadías. Desde los que se escribían en la entrepierna, hasta los más elaborados como uno que se puso una chava en el brasier, agarrado por un hule. Cada vez que quería copiar se metía la mano por la abertura de la blusa y se jalaba aquél tremendo acordeón. Cuando el profesor hacía algún movimiento, simplemente soltaba el papel, que se enrollaba de nuevo y quedaba fuera de la vista. Una gran estrategia, si no hubiera sido por el "taz" que hacía el hule cada vez que lo soltaba, que fue lo que la delató. Dice que cuando llegó a su casa, tenía bien colorado entre las chiches. Hasta a mí me dolió sólo de pensarlo.


Eran bien comunes los de ruedo del pantalón o de la falda del uniforme. Los del reverso del brazo; entre los dedos de la mano, meterse el papel a la boca, o simplemente sentarse encima del libro. Cuando la teconología empezó a florecer, las calculadoras con teclado alfabético, fueron muy usadas y hasta los chivos a control remoto, con un audífono y alguien "soplando" afuera de la clase.


Unos llegaron al colmo de escribirlo en el cielo falso, así que cuando vieran para arriba buscando ayuda celestial, la encontrarían. Me pregunto si mejor hubieran usado todo ese tiempo para estudiar, les hubiese ido mejor.


Aquí entre nos, el único que me atreví a hacer una sóla vez en mi vida, fue con la ayuda de otro compañero que se admiró de mi manera de estudiar para recordar las clases de ciencia económica. Usaba una especie de símbolos, por ejemplo: un muñequito
en movimiento y al lado, unas monedas significaban: Activo finaciero.

O éste, que simplemente significaba: Curvas de Indiferencia (Microeconomía).


Así que mi compañero tuvo la flamante idea de ponerlo a lo largo de todo el pizarrón, y lo explicamos a toda la clase. Claro que para enterder las claves y los símbolos, tendrían que haber estudiado para tener al menos, una idea.

Cuando el catedrático llegó, no le permitimos borrar la pizarra, porque "se trataba de un trabajo de semiología" que teníamos que copiar.
Así quien tuviera dificultad para memorizar, encontró en mis sencillo método de jeroglíficos un excelente aliado. Ahora, el que no le halló, es porque realmente no tenía ni idea, pasó de noche o simplemente tenía que dedicarse mejor, a la pesca.

Creo que durante la historia, los estudiantes hemos encontrado los mejores trucos para recordar en un examen. Nunca fui chivera, pero ayudé a muchos, con o en contra de mi voluntad, pero me siento contenta, porque algunos compañeros me ayudaron a entender lo que se me hacía difícil.


Al menos no hice las de mi Negrito, quien dice que en un examen de Derecho, cuando vio que no sabía nada (porque no había estudiado), puso el nombre de uno que ni llegó y lo entregó. Al salir los resultados, le reclamó al catedrático su calificación, lo hizo tan seguro, que lo convenció que había extraviado su test. Así que se lo volvió a hacer, pero esta vez tuvo más tiempo para estudiar (y creo que para saber qué venía en el examen). Sinvergüenza...pero así fuera con todos los laureles, !a mí nunca se me hubiera ocurrido!


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by Sjany


6 Comments:

At viernes, 29 mayo, 2009, Blogger Leon said...

Por supuesto que yo sí hacía chivos, desde los clásicos, un papelito enrrollado, hasta los que tenían un hule para darles vuelta poco a poco. Los escribía en papelitos, en reglas transparentes, en los bolígrafos y lápices, en donde fuera. Pero no los utilizaba, porque al hacerlos repasaba la materia. En la U, en cambio, ya no hice ni uno. Mi letra es pequeña y puedo escribir miniaturas realmente difíciles de leer sin lupa. Qué buen post, qué buenos recuerdos y qué delicia de chivo (el que estaba entre las chiches, jajajajaja).

 
At sábado, 30 mayo, 2009, Blogger NicteKono said...

Yo era mala estudiante, hasta que llegue a magisterio... y sin embargo nunca me atrevi a sacar un chivo. Pero haciendolos despues en la U, finalmente acababa estudiando y tenia buenos resultados sin necesidad del chivo.
Lo que hizo el negrito si fue ingenioso.

En lo que tube buena suerte fue en haber sacado la nota completa en un examen, el siguiente a falta de libro no me examine... el licdo. dijo que nos haria el examen despues, pero nunca tuvo tiempo, asi que simplemente nos doblo la nota.
Perdona el comentario tan largo, me hiciste recordar mucho.

 
At lunes, 01 junio, 2009, Blogger "Premio Maria Amelia López Soliño" said...

Desde el blog en apoyo al “Premio Maria Amelia López Soliño” a la mejor bitácora escrita por una persona de la tercera edad, te agradecemos el cariñoso comentario de condolencia dejado en su blog y te animamos a estimular a los más mayores a seguir su ejemplo.

Seguro que ella y tu mamita se han hecho muy amigas! ;)

Un saludo afectuoso.

 
At martes, 02 junio, 2009, Blogger MarianoCantoral said...

Te invito a leer mi relato “ALMA GYM” aquí: http://masqexpreso.blogspot.com/2009/06/alma-gym.html

 
At viernes, 12 junio, 2009, Blogger Silvia said...

Hola chachi!!
Como estas??
Que chilero estuvo el post de chivos. Yo si hice infinidad, algunas veces los necesite, la mayoria, no fue asi, pero eran como... "la plumita de Dumbo" ademas me servian para estudiar, pues mientras los hacia, por fuerza se me quedaban las cosas y tamnbien era re entretenido maquinar formas para hacer un buen chivo, lugares donde ponerlo y tecnicas para sacarlo, unas veces me sirvieron a mi, otras veces les sirvieron a otros, otras a nadie, pero que alegre era hacer chivos, y sacarlos...uhhh, super emocionante!!!

 
At viernes, 19 junio, 2009, Blogger Vincent Mau said...

Call me master…

Con respecto a los chivos… jajaja… estudié en un centro del Opus Dei, le va a parecer extraño ya que sabe cómo pienso ahora, y algunos profesores eran “opus odiosus”, eso y la presión social, ya que mis amigos decían que sólo los huecos no se atrevían a sacar chivos, se fue desarrollando una verdadera carrera armamentista en el arte de copiar y hacer trampa. A continuación le detallaré algunas de mis experiencias.

Yo sí fui bastante bueno como estudiante, lo único es que no todo me interesaba, por ejemplo, odiaba la filosofía y otro montón de cosas que no entendía bien, por el contrario era bueno para física fundamental y ciencias naturales. Ya en primero básico tenía aspecto de científico loco y algunos me llamaba “el doctorcito”.

Recuerdo que una de las técnicas más efectivas era colocar el papel dentro de un bolígrafo Bic, algunos no eran transparentes y se podía sacar el chivito al sacar el contenedor de tinta, la gran desventaja era que no tenía mucho espacio para escribir mucho, ya que el papel debía ser pequeño.

La mejor técnica que usé era hacer un chivo pequeño, de unos 2 por 3 centímetros y forrarlo con “Scotch tape”, se colocaba en la palma de la mano con que escribía, el emplasticado hacía que mantuviera su forma y evitaba que el sudor borrara información valiosa.

En mi mejor momento, inventé un lenguaje con símbolos, asigné un símbolo para cada letra del alfabeto, a manera de hacerlo completamente ilegible y secreto, escribía descaradamente sobre el escritorio, si el profesor me pedía que lo borrara lo haría, pero no me quitarían el examen, ya que nadie sabía que era eso.

En la Universidad nunca saqué un chivo o copié, algunas veces nos quedábamos en una clase sólo dos personas haciendo un examen sin supervisión y no sacábamos chivo o copiábamos, jamás lo hicimos. Sacar chivo es cosa de niños, era en parte tratar de quedar bien con el grupo.

En el colegio nos robamos varios exámenes, un compañero hasta se vistió de negro y se metió un día a las 5 de la mañana para entrar furtivamente por la ventana y cambiar su examen por uno ya corregido, ¡increíble!, Jacobo tenía nervios de acero y hielo en sus venas, era el héroe de todos nosotros a los 16 años.

Lo que sí hicimos una vez fue comprar un examen en la universidad, los catedráticos de farmacología eran tan mala onda, que no me sentí mal de hacerlo, además todo el mundo tenía el examen y creo que cuando una oportunidad se presenta hay que tomarla, no me arrepiento, de todas formas estudié un montón.

Pero lo más triste fue que a los pocos días del examen de farma nos ofrecieron el examen de patología, lo compramos, nos relajamos, y la sorpresa fue que nos engañaron, el examen era distinto, por poco pierdo. Eso pasa por tramposo…

El catedrático de patología era el Dr. Barrera, quien se casó con una alumna suya, ésta perdió varios años y terminé siendo su compañero quinto año, sabía su historia porque es prima hermana de uno de mis compañeros del colegio. Ella sacó un chivo en un examen de clínicas, el profesor le quitó el examen y le dijo que agradeciera que no le iba a contar a su esposo… como dicen en mi tierra: “¡qué mula!”

 

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