BABOSADAS MIAS Y DEMAS HIERBAS

LA CHACHI, ALOCADA PERIODISTA MUY CHAPINA

22 diciembre 2007

EL NEGRITO VIO A LAS ROCKETTES...Y YO FUI A CHILLAR

Desde años anteriores habíamos estado planificando ir a ver a las famosas The Rockettes , el ballet del Radio City Music Hall de Nueva York, que se presentan cada final de año, pero por una u otra razón, no íbamos. Ah, pero ahora sí. Me dije : - mirá Chachi, mucho hace el Negrito con aguantar tus chistesitos, tus berrinches y caprichitos, que mejor es que vayás pensando en un buen regalo para darle en su cumpleaños, porque dentro de unos cuantos más, se le van a empezar a olvidar las cosas (Es broma amor).

Por lo que me instalé en el internet a buscar los mejores lugares...pero púchica, !!!qué caros!! y en medio de la crisis inmobiliaria, energética y laboral por la que está atravesando el país, como que para andar dándose esos gustos, hay que destapar un hoyo pa´tapar otro, como decía mi difunta y dulce abuelita.

Ya me había dado por vencida, cuando mi cuate el Ronald, me regaló un cuponcito para pagar 2 entradas por el precio de una. Ah, me dije, no por nada paso tomando cafecito a veces por acá, a verlo haciéndose el payasito al fregado. Así que de esa forma, le di la sorpresa al Negrito, que el mero día de su onomástico (!puchis, me eché la de domingo!), iba a ir a verles las canillas a las Rockettes.

Llegamos, casi con una hora de anticipación y una lamparoto-to-tota con cristales de Swarovski nos estaba esperando (¿qué dijiste, Chachi? ... ¿esperando? Ya no chupés, patoja). Es que según parece, esa famosa casa de joyas está patrocinando los 75 años del espectáculo. Y mientras, yo hacía cuentas de a cuántos niños podría darle de comer en Guatemala, con el precio de un sólo cristalito.
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Al entrar nos dieron un programa que adjunto llevaba unos lentes y una estrellita para encender en la obscuridad. Rapidito me guardé las cositas entre la bolsa para que no se me perdieran y poder enseñárselas a la mara cuando vaya por allá por donde yo.
Y empezó el show, muchá...así como en el Teatro Nacional de Guatemala, salió la orquesta del foso (como en ascensor, pues) y ahí cerquitita se miraban los del coro, vestidos de botones de hotel y de entrada....aparecieron las Rockettes vestidas de renos, al frente del trineo de Santa Claus. De repente dijo el Santa que nos pusiéramos los lentes de 3D... y dónde que me los encontraba yo. Todo nublado miraba. Al fin vi que se me habían caído y con la punta del zapato los alcancé. Púchica, pura contorsionista. Pero qué chulada, tal vez eso fue lo que más me gustó de todo: un recorrido a toda velocidad por Manhattan en el trineo y en tercera dimensión. Hasta me agarraba del brazo del Negrito en las vueltas...porque ya sentía que me caía. Algo mulita, yo. Pero lo chistoso era que el otro también me detenía.
En fin que vimos una variedad de bailes, niños volando, ositos saliendo de cajas de regalo y de plano, las Rockettes. Por ratos le echaba una miradita al Negrito y allí estaba con los ojos bien abiertotes, que a pesar que conseguí asientos bien cerca, creo que él hubiese querido tener ojos de aquellos lobos de caricatura, que se les saltan las pepitonas, con un sonido de bocina de trailer.
Y es que !Precioso bailan las muchachas, éstas! Salen con diferentes vestuarios y brincan, dan vueltas, se encaraman, bailan el Cancán y como siempre, hacen la línea del coro...! y a levantar la pata se ha dicho!. Además de que son bien bonitas, aún cuando el Negrito dijo que no eran tan piernudas como se miraban en la tele. Claro, ya en persona se ven más delgaditas.

Me gustó mucho que al finalizar, contaron la historia de la Estrella del Oriente y de los Reyes que atravesaron el desierto en busca del Niño. Y comenzaron a salir un montón de actores con trajes brillantes, capas y sombreros. !Ya vinieron los moros!, pensé...y ya sentía que por allí iba a aparecer LA MARIMBA DE CHILOLO (sí pues). Pero cuando vi 2 camellotes de verdad y un burrito, me dije, no vos !es el Circo Ponce!

Qué bonito, ustedes. Ver que al menos, no se olvidaron por quién es la celebración. El pesebre cerró con estrella brillante la noche de las Rockettes.

Durante todo el show, miraba a las bailarinas, a Santa y los actores y las lágrimas por ratos me empañaban la vista, pues se me revelaba una nena de trenzas y ojos grandes, que con botitas y abrazando un gato, caminaba por las calles enlodadas de la zona 6. Una nena que se reía a carcajada limpia y que siempre se mojaba la pancita cuando iba a tomar agua a los chorros (a pesar de que su mamá se lo tenía prohibido). Una nena, que contaba chistes y cantaba la canción de Don Pepirulando. Que siempre esperó la Barbie que nunca llegó, pero que le valía un soberno rábano. Lo alegre era sentarse en la baranda de su casa, a comer ricitos con una Naranjita o Fanta, todos los 25 de diciembre.

A través de los ojos de esa nena, también se reflejan los miles de niños guatemaltecos, que viven mucho, mucho más pobres y que anhelan algo mejor esta Navidad. Aún cuando ya hayan transcurrido más de 30 años, la vida en Chapinlandia no ha cambiado mucho.

Pero al mismo tiempo, siempre hay una esperanza, porque ¿quién me iba a decir a mí, cuando tenía sólo 6 ó 7 años, viviendo en una zona remota de la capital, con una vida entre terremotos, bombas terroristas y malas noticias por todos lados...que iba a estar esa noche en el Radio City Music Hall, viendo lo que ni de niña imaginé?...y hasta pudiendo invitar al Negris.


FELICIDADES MIS NIÑOS QUERIDOS...A LOS QUE SON TODAVÍA, MAS QUE TODO EN EL CORAZÓN.

Este Post fue publicado también en Prensa Libre de Guatemala y en Long Island Al Día, en diciembre de 2007.
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Foto CHC.

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13 febrero 2007

SALÍ VIEJO...SALÍ GORDA

Antecito de la Navidad, mi Negrito y yo, decidimos irnos a tomar unas fotografías de estudio. No vayan a creer que fuimos a esos donde lo peinan y maquillan a uno, para aparecer en la foto lo más chulo que se puede salir en toda la vida. No, nos fuimos a una de esas tiendas por departamentos, que de paso, tienen foto-estudio. Es que desde hacía tiempo, queríamos tomarnos unas así posadas, para mandarle a toda la mara. Nos chancleamos (bueno, no tanto) y nos fuimos al estudio para que nos hicieran una sesión especial, como esas que les hacen a los artistas. !Ah, chish!

No me dio tiempo a ir a un salón a peinarme y, tampoco lo creí tan necesario porque según yo, me había peinado muy bien. Mi Negrito escogió uno de sus tacuches y tratamos que, como debe ser, su corbata fuera del mismo color de la de mi vestido. Sí pues, todos creídos los patojos.

Pero las cosas desde un principio no nos salieron como lo habíamos pensado. Las dizque fotógrafas, sólamente nos entraron a una salita donde nos hicieron llenar todo un formulario, que más parecía que era para ingresarnos a un hospital, que para tomarnos fotos. Se llegó el momento de la sesión de fotografía y, para nada, las chavas nos revisaron si acaso estábamos despeinados o desarreglados. No, de una sola nos pasaron al estudio. Yo, como siempre coqueta, les pregunté si no había una salita como para terminarse de arreglar uno. - No - me dijeron -, sólamente está ese espejo.

Púchica allí únicamente se miraba uno de medio cuerpo y hasta algo nubladón. Yo esperaba ver a la par el montón de cepillos y peines, spray para el pelo y, hasta como ponen en los pueblos en Guate, un saco colgado de un clavo. ¿Lo han visto alguna vez? Yo sí. Me parece muy chistoso ver que todos los hombres del pueblo, salen en la foto con el mismo saco. Sólo pa´que vea la gente que son de a tacuche. Mi abuelito me contaba que antes, también ponían un sombrero, para que vieran que eran de a sombrero. !Sho, pues!
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Yo pensaba ver también el estudio como los de las fotos de por allá por donde yo, que le ponen a uno hasta un balconcito, florecitas y demás charaditas para que se vea el asunto un tanto adornado. Nada muchá, con suerte corrimos de que hubiera una cortinita medio arremangada.
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La cosa es que nos empezaron a tomar aquel fotal, que si de un modo, que si de otro y no había para nada un espejo, donde retocarse las greñas. O ver si no teníamos brillo en la cara. A mí, en lo particular, me cae como patada en el trasero, tomarme fotos. A pesar de que piensen lo contario, nunca me ha gustado estar en frente de una cámara (a pesar de mi profesión). Pero esta vez, quise hacerlo, para poner una bonita imagen en la sala de casa.
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!Bonita, será! Bueno, al terminar de tomar las fotos. Nos sentaron a que escogiéramos las que nos habían gustado. Ustedes, aquí entre nos, no me gustó ni una, especialmente cómo salí yo. Puchis, en todas, no sabía si estaba viéndome a mí, o a una pintura maltrecha de Botero. !Ulugrún! ...No nos quedó de otra que escoger las que consideramos más o menos mejores. Y nos salieron con la sorpresita de que nos las entregaban en 10 días. Ah, pero sí nos cobraron hasta las peladas de dientes. Carísimo.
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Me quedé pensando toda la tarde en lo útil que hubiese sido para mí, un sombrero como en los pueblos, al menos para taparme la cabezona de sandía que me salió y, de paso, me lo hubiera puesto de medio lado, para disimular un poco los chachetes de gringo... !Lotería!
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Recuerdo que esa tarde, nos fuimos a un parquecito y con nuestra camarita digital, nos tomamos unas fotos entre flores y cerca de un lago con patitos. Muy chulitas quedaron esas. ¿Saben qué? están más bonitas que las del estudio, claro, yo siempre gordita y el otro con sus canitas, pero más frescos y alegres. A lo mejor, uno se chivea de que lo estén poniendo de un lado y de otro en una sala fría. Mejor la naturaleza.
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Bueno, se llegó el día de ir a recoger las benditas fotos. Y cuando nos las enseñaron, yo como siempre, toda decepcionada, las vi así como de reojo. Pero lo chistoso fue que al mismo tiempo que yo suspiré despechada un "Toy muy gorda", mi negrito decía "Toy muy viejo".
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Al final, ninguno de los dos quedamos muy contentos con las caras y medio posadas fotos. Tanta gastadera para que solamente nos mostraran nuestra realidad. Las llevamos a casa y las que ampliamos, están en un lugar especial. No sé si ya nos acostumbramos a vernos, pero ahora no nos miramos tan mal. Y toda las personas que ven las fotos, nos dicen que son preciosas.
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Ahora, me queda la duda, si es que en esa foto yo me veo fea, y todos dicen que estoy linda con mi cabezota y todo, ¿cómo seré entonces en la vida real? !De veras que estoy jodida, muchá! Pero es que cada quien tiene su ángulo y como que esas pizarrinas fotógrafas, para nada nos hicieron el favor. A mí pues, porque mi Negrito se mira re lindo. Pero, lo mismo dice él de mí.
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Termino el pensamiento con una carcajada y con la conclusión de que la gente común como nosotros, que no estamos todo el tiempo tomándonos fotos, tenemos diferentes ideas de nuestra imagen. Tenemos alrededor de tres: Como nos sentimos (jóvenes, chulos); como quisiéramos ser y como realmente somos. Pero lo bonito está sentirse uno bien y aceptarse como es. Y que el alma siempre esté alegre.
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Porque saben qué, a pesar de vernos nosotros mismos, yo re gorda y mi Negrito, viejo (que no lo es), nuestras miradas son las importantes. En ellas hay un valioso reflejo que atrapa lo mejor: El sentirnos tan felices de estar juntos y de querernos mucho. Él sigue siendo mi "Neguito lindo" y yo, su "Muñequita preciosa" , aunque salgamos en las fotos, como un par de monitos.
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!Que viva el Amor!... Feliz Día de San Valentín 2007.
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Ilustración: www.losgraficos.com

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