EL NEGRITO VIO A LAS ROCKETTES...Y YO FUI A CHILLAR
Por lo que me instalé en el internet a buscar los mejores lugares...pero púchica, !!!qué caros!! y en medio de la crisis inmobiliaria, energética y laboral por la que está atravesando el país, como que para andar dándose esos gustos, hay que destapar un hoyo pa´tapar otro, como decía mi difunta y dulce abuelita.
Ya me había dado por vencida, cuando mi cuate el Ronald, me regaló un cuponcito para pagar 2 entradas por el precio de una. Ah, me dije, no por nada paso tomando cafecito a veces por acá, a verlo haciéndose el payasito al fregado. Así que de esa forma, le di la sorpresa al Negrito, que el mero día de su onomástico (!puchis, me eché la de domingo!), iba a ir a verles las canillas a las Rockettes.
Llegamos, casi con una hora de anticipación y una lamparoto-to-tota con cristales de Swarovski nos estaba esperando (¿qué dijiste, Chachi? ... ¿esperando? Ya no chupés, patoja). Es que según parece, esa famosa casa de joyas está patrocinando los 75 años del espectáculo. Y mientras, yo hacía cuentas de a cuántos niños podría darle de comer en Guatemala, con el precio de un sólo cristalito.
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Al entrar nos dieron un programa que adjunto llevaba unos lentes y una estrellita para encender en la obscuridad. Rapidito me guardé las cositas entre la bolsa para que no se me perdieran y poder enseñárselas a la mara cuando vaya por allá por donde yo.
Y empezó el show, muchá...así como en el Teatro Nacional de Guatemala, salió la orquesta del foso (como en ascensor, pues) y ahí cerquitita se miraban los del coro, vestidos de botones de hotel y de entrada....aparecieron las Rockettes vestidas de renos, al frente del trineo de Santa Claus. De repente dijo el Santa que nos pusiéramos los lentes de 3D... y dónde que me los encontraba yo. Todo nublado miraba. Al fin vi que se me habían caído y con la punta del zapato los alcancé. Púchica, pura contorsionista. Pero qué chulada, tal vez eso fue lo que más me gustó de todo: un recorrido a toda velocidad por Manhattan en el trineo y en tercera dimensión. Hasta me agarraba del brazo del Negrito en las vueltas...porque ya sentía que me caía. Algo mulita, yo. Pero lo chistoso era que el otro también me detenía.
En fin que vimos una variedad de bailes, niños volando, ositos saliendo de cajas de regalo y de plano, las Rockettes. Por ratos le echaba una miradita al Negrito y allí estaba con los ojos bien abiertotes, que a pesar que conseguí asientos bien cerca, creo que él hubiese querido tener ojos de aquellos lobos de caricatura, que se les saltan las pepitonas, con un sonido de bocina de trailer.
Y es que !Precioso bailan las muchachas, éstas! Salen con diferentes vestuarios y brincan, dan vueltas, se encaraman, bailan el Cancán y como siempre, hacen la línea del coro...! y a levantar la pata se ha dicho!. Además de que son bien bonitas, aún cuando el Negrito dijo que no eran tan piernudas como se miraban en la tele. Claro, ya en persona se ven más delgaditas.
Me gustó mucho que al finalizar, contaron la historia de la Estrella del Oriente y de los Reyes que atravesaron el desierto en busca del Niño. Y comenzaron a salir un montón de actores con trajes brillantes, capas y sombreros. !Ya vinieron los moros!, pensé...y ya sentía que por allí iba a aparecer LA MARIMBA DE CHILOLO (sí pues). Pero cuando vi 2 camellotes de verdad y un burrito, me dije, no vos !es el Circo Ponce!
Qué bonito, ustedes. Ver que al menos, no se olvidaron por quién es la celebración. El pesebre cerró con estrella brillante la noche de las Rockettes.
Durante todo el show, miraba a las bailarinas, a Santa y los actores y las lágrimas por ratos me empañaban la vista, pues se me revelaba una nena de trenzas y ojos grandes, que con botitas y abrazando un gato, caminaba por las calles enlodadas de la zona 6. Una nena que se reía a carcajada limpia y que siempre se mojaba la pancita cuando iba a tomar agua a los chorros (a pesar de que su mamá se lo tenía prohibido). Una nena, que contaba chistes y cantaba la canción de Don Pepirulando. Que siempre esperó la Barbie que nunca llegó, pero que le valía un soberno rábano. Lo alegre era sentarse en la baranda de su casa, a comer ricitos con una Naranjita o Fanta, todos los 25 de diciembre.
A través de los ojos de esa nena, también se reflejan los miles de niños guatemaltecos, que viven mucho, mucho más pobres y que anhelan algo mejor esta Navidad. Aún cuando ya hayan transcurrido más de 30 años, la vida en Chapinlandia no ha cambiado mucho.
Pero al mismo tiempo, siempre hay una esperanza, porque ¿quién me iba a decir a mí, cuando tenía sólo 6 ó 7 años, viviendo en una zona remota de la capital, con una vida entre terremotos, bombas terroristas y malas noticias por todos lados...que iba a estar esa noche en el Radio City Music Hall, viendo lo que ni de niña imaginé?...y hasta pudiendo invitar al Negris.
FELICIDADES MIS NIÑOS QUERIDOS...A LOS QUE SON TODAVÍA, MAS QUE TODO EN EL CORAZÓN.
Este Post fue publicado también en Prensa Libre de Guatemala y en Long Island Al Día, en diciembre de 2007.
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Foto CHC.
Etiquetas: Navidad, Negrito y yo, New York


