BABOSADAS MIAS Y DEMAS HIERBAS

LA CHACHI, ALOCADA PERIODISTA MUY CHAPINA

06 enero 2010

¡LOS VI PATOJOS, LOS VI EN EL DESFILE DE LAS ROSAS!

¡Ah sí pues, ni modo! Después de ver bajar la esfera del Times Square, bailamos hasta las 3 de la madrugada. O sea que llegamos a casa a las 3:30, entonces hagan cuentas a qué hora nos dormimos (Iba a escribir "echen pluma", pero preferí que no, para que no pensaran mal mis amigos mexicanos porque para ellos, "echarse una pluma", significa otra cosa.).

El Año Nuevo nuyorkino estuvo como siempre, genial. Pero había que despertar temprano, ¿y para qué? diría mi carnal. Pues para ver a los patojos, ¡en el Desfile de las Rosas!

Miren pero qué de a h… alegre estuvo eso.

Rercuerdo que desde niña, ver el Rose Parade el 1 de Enero, era toda una tradición. Siempre me gustó ver las carrozas y las bandas de los gringuitos con sus batonistas que iban poniendo la alegría en todo el desfile. (Porque se dice "Desfile", ustedes, no "Parada"…esa es otra, donde se espera la camioneta. O el Bas, como llegan diciendo a Guate, los que han vivido en las Californias…¡Oh!).

Lo chilero de todo era que este año fue transmitido en Alta Definición y, por lo tanto, los detalles se apreciaron mejor. Pasaron muchas carrozas bien lindas, como siempre, pero yo no hallaba la hora de ver a los chirices. Pero detrás de un barcote que iba tirando cañonazos, ¡Allí, allí, venía la alegría chapina, nuestros patojos de la Banda Pedro Molina!

Tremenda parranda traía nuestra juventud. Claro que sí. Y lo mejor fue que venían tocando la mera, mera: Luna de Xelajú. Y a un ritmo bien picoso, que hicieron levantar a la multitud, para bailar al ritmo de la música chapina. Me cuentan que de lejos se miraba como que venía una ola hecha de gente, porque por donde pasaban, las personas levantaban las manos y gritaban de emoción (fueran o no hispanos) y los que podían agitaban las banderas.

El pabellón azul y blanco, venía al frente, pero creo que en ese momento todos los latinoamericanos nos sentimos uno. Somos de un mismo ritmo, misma alegría, misma juventud, un mismo colorido. Estos muchachos, venían representándonos a todos y lo hicieron perfectamente. ¡Así se hace muchachos!

No hay que olvidar a todos los que hicieron posible que estos niños llegaran y nos hicieran el año a todos, principalmente la Fundación Educativa Guatemalteca Americana, junto a los chapines y extranjeros que ayudaron con sus donativos. Porque traer 270 patojos desde Guatemala, resulta una tarea muy difícil. Y no sólo es el viaje, sino los instrumentos, los uniformes, disfraces, alimentación y todo lo que se nos pueda ocurrir para llevar a cabo este maravilloso sueño.

Así que felicitaciones a todos y todas. Sobre todo por demostrar que nuestro país no es sólamente el protagonista de los noticieros con la delincuencia y las injusticias. Guatemala es un país lleno de color, de mujeres hermosas, de alegría, de gente que trabaja duro para cumplir sus sueños. Una tierra linda y llena de maravillosas sorpresas.

Patojos de la Banda Pedro Molina, les cuento que en la costa Este, estaba la Chachi, bien sentadita con la nariz en la pantalla, moqueando, porque no pude evitar llorar de la emoción al verlos pasar en el Gran Desfile de las Rosas.

Tarareando las notas, "calles bañadas de luna que fueron la cuna de mi juventud"…en un momentito vi realizados los sueños de la niñez y recordé las mañanas del 1o. de Enero llenas de esperanza, comiendo tamalitos hechos por mi madre, allá en mi tierra del Quetzal. Y creo que no fui la única que se echó la chillada. ¡Bravo!

¡Que viva Guatemala, muchá!

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Foto: La Prensa de Los Angeles.

Les invito a ver la edición de este mismo artículo, publicado en La Prensa de los Angeles:

Los vi patojos!!! ... Los vi en el Desfile de Las Rosas





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23 diciembre 2008

LOS NIÑOS DEL CORO


(Sugiero echar a andar el video del final y con el fondo de la música, leer este post)

Hace un par de años, hice un reportaje de un programa de la Municipalidad de la ciudad de Guatemala, donde ayudaban a niños en la calle a incursionar en el canto a través de un coro.

No había todos los niños que yo imaginé, ni que la Muni hubiese querido, pero al menos se hacía algo. La historia en sí era una muy buena nota, si la enfocábamos en la vida de cada uno de ellos y lo que lograban desarrollar en el canto. Sobre todo, se tenía en cuenta la oportunidad que se les brindaba.

Llamó mi atención un niño, como de 11 años de nombre Carlos, que se sentaba en un salón del teatro metropolitano, únicamente a observar los ensayos. Se quedaba por un rinconcito y no participaba. Me acerqué a preguntarle por qué no cantaba en el coro como los otros niños. Me dijo con actitud altiva que no, porque eso que cantaban era muy aburrido, que a él se metería al coro, si al menos cantaran rap.

Hizo el intento por rapearme algo, que no sonó tan mal. Bueno, el coro de los niños tampoco estaba tan bueno, los pobrecitos cantaban del nabo, pero aún estaban empezando.

Casualmente, llegaron al país los famosos Niños Cantores de Vienna y hubo oportunidad de que el conocido coro, visitara a los niños guatemaltecos para tener una convivencia infantil. Las analogías musicales resultaban ciertamente crueles, y era comprensible, aunque tanto de un lado como del otro, las voces siempre fueron de ángeles.

Aún cuando unos vestían ropas sencillas y otros iban de marineritos y boinas, todos parecían divertirse con las mismas cosas.

Los pequeños austriacos fueron muy amables y nobles con el coro guatemalteco y aunque niños, parecían estar concientes de la pobreza y gran esfuerzo de los chapines, cuya lucha a lo mejor era más loable, que pertenecer a un grupo tan espectacular.

No sé quién planificó llevarlos al concierto de los vieneses en el Teatro Nacional, a dónde yo también fui gracias a la invitación de unos amigos. Hubo una antagonía abismal, y no porque pusieran a cantar al coro de la Muni, sino porque supe que a los pobres niños chapines los llevaron tarde, y no pudieron entrar hasta en el intermedio. Sus localidades estaban en el Tercer Balcón (o sea hasta arriba) y sólamente los dejaron ver una o dos canciones, porque ya era tarde y había que ir a dejar a cada uno a su casa (muchos vivían en El Gallito y aledaños).

Ojalá a los niños guatemaltecos, les haya dado tiempo para soñar un poco. Estoy segura que los jóvenes y entusiastas maestros de la Municipalidad de Guatemala hicieron todo su esfuerzo para hacer cantar mejor a esos niños. Tal vez, no llegarían a ser tan famosos como Los Cantores de Vienna, pero a lo mejor podrían comprobar que con esfuerzo y dedicación las metas se pueden lograr, al menos para que con la magia maravillosa de la música mitigaran sus penalidades, como la pobreza, la inestabilidad familiar y la inseguridad de las calles.

Ojalá estos niños y muchos más que viven o trabajan en las calles de Guatemala, tuvieran una Navidad diferente.

Y espero que Carlitos haya podido cantar al menos un rap.

Un abrazo fraternal en esta Navidad a todos mis paisanos y paisanas, así como a todos mis lectoras y lectores de otros países.

Saludos especiales hasta Vienna.

La música del video con Los Niños Cantores de Vienna, se la dedico a mi madre, a quien extraño inmensamente. Mamita linda yo sé que usted está integrando el coro celestial, pero esta Navidad está siendo muy dura ya sin su preciosa figura.

Foto: by Photo Philosophy


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15 diciembre 2008

¡UY, UY EL CUY!

En la carrera periodística, me ha tocado entrarle a la comidita rara. Unas veces, por curiosidad, otras para dar un mejor reportaje, y en las peores ocasiones ha sido porque no hay nada más para comer. En la selva de Guatemala, no hubo de otra que comer Tepezcuintle guisado, cosa que no fue el gran sacrificio, porque sabe bien rico, algo así como a cerdo.

Otra vez, por poquito y me dan a comer Pizote, pero por suerte, no tenía hambre. Lo malo es que no nos dijeron que las tortitas de carne eran de ese animalito y algunos del grupo les dieron vire...pero yo no. Estuvo piii...zote el asunto después porque a todos les dio currutaca, cuando supieron. A lo mejor fue más por sugestión.

Me he dado cuenta que en muchas localidades de Latinoamérica, han aprendido a comer animalitos silvestres, que a lo mejor a los citadinos nos puede parecer raro y hasta repugnante por no estar acostumbrados a alimentarnos de ellos. Imagino que tiempos atrás, las comunidades eran más remotas y comían lo que estaba a mano y luego se volvió parte de la cultura gastronómica.

Sin ir muy lejos, en México los gusanos de maguey y los chapulines son una comida casi gourmet. Para algunos en países de Centroamérica la carne de iguana es muy apeciada. En varias comunidades campesinas se acostumbra comer Tacuazín, o culebra o lagarto que para muchos pueda ser una asquerosidad. Todo depende de la costumbre. Y por allí me contaron fuentes fidedignas, que en algunos lugares del Caribe y Suramérica comen gato al carbón. Está caa...rbón.

Pero hasta llegar a la cosmopolita New York supe que en algunas regiones de Ecuador comen al famoso Cuy (Conejillo de Indias, Cerdito de Guinea), o Cuyo como lo llamamos los chapines. Para mí fue una sorpresa y una atrocidad, porque según yo esos lindos animalitos son mascotas. No se comen. Eso sería como almorzarse un hamster.

Hace poco me invitaron a una celebración navideña al estilo Ecuador y mencionaron que iban a servir el famoso Cuycito. Entonces, me puse a ver en el internet cómo lucía un cuy asado y me pareció tétrico, especialmente por los dientes pelados porque ya cocinado más tiene cara de ratón sin cola. Se me descompuso algo cuerpo.

Pero este fin de semana, se llegó el día del banquete andino y yo iba dispuesta a pedir aunque sea huevitos con chirmol, porque no pensaba para nada entrale al cuy. Sentados ya en uno de los restaurantes ecuatorianos mejor cotizados de Queens, llevaron a la mesa 2 bandejas muy bien adornadas con papitas, maíz mote y en medio un tremendo cuy con el cuerito tostado, que no lucía nada mal.

Yo haciéndome la muy, no pedí cuy, sino una carnita. Pero los ecuatorianos presentes le cayeron encima al roerdocito con gran fineza y deleite. A cada momento me ofrecían y yo, aunque no quería parecer pesada, decía que no.

Pero al ver que se lo engullían con tanto gusto, pensé: "Bueno Chachi ¿y que tanto te hacés? si allá por donde vos, has probado tepezcuintle, venado, huevos de iguana y hasta te masticaste un día frente a la cámara una tortilla con Zompopos de Mayo (ya sé que después los escupiste porque no te gustó el olorcito a meados que echaban), pero te los metiste a la boca. Y en México te pasaste un par de chapulines fritos y, otro día hasta te chupaste un gusano de maguey que estaba en el fondo de una botella de mezcal (claro ya algo bolis), ¿por qué ahora le vas a venir a hacer el Uy al Cuy?

Así que me quité un poco la arrugota de la nariz y lo probé (sólo al probar y no al jartar, dijo el Pedre). La verdad, no estaba tan mal...claro, como para un día que no haya nada qué comer o una de esas noches bohemias cuando ya no le atine y no encuentre gusanos de oro pa´chupar.

Por el momento creo que no me lo comería, no sé si por lástima o por falta de costumbre, porque de sabor no es malo, al final es como un lechoncito. Supe que en la sierra ecuatoriana el Cuy es un platillo exquisito y caro, mucho mejor que el conejo. Que es una carne muy apreciada y hasta la exportan.

Yo, por el momento, sigo prefiriendo tenerlos como mascotas (cui, cui cui) pues son una ternura. Pero Dios se los bendiga a mis queridos ecuatorianos serranos y lo disfruten cuantas veces quieran, especialmente en la época navideña, para recordar esa tierra hermosa de nevados espectaculares, que los vio nacer.

¡Felicidades sierra del Ecuador!



Fotos: Lorenia y blendax78




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22 diciembre 2007

EL NEGRITO VIO A LAS ROCKETTES...Y YO FUI A CHILLAR

Desde años anteriores habíamos estado planificando ir a ver a las famosas The Rockettes , el ballet del Radio City Music Hall de Nueva York, que se presentan cada final de año, pero por una u otra razón, no íbamos. Ah, pero ahora sí. Me dije : - mirá Chachi, mucho hace el Negrito con aguantar tus chistesitos, tus berrinches y caprichitos, que mejor es que vayás pensando en un buen regalo para darle en su cumpleaños, porque dentro de unos cuantos más, se le van a empezar a olvidar las cosas (Es broma amor).

Por lo que me instalé en el internet a buscar los mejores lugares...pero púchica, !!!qué caros!! y en medio de la crisis inmobiliaria, energética y laboral por la que está atravesando el país, como que para andar dándose esos gustos, hay que destapar un hoyo pa´tapar otro, como decía mi difunta y dulce abuelita.

Ya me había dado por vencida, cuando mi cuate el Ronald, me regaló un cuponcito para pagar 2 entradas por el precio de una. Ah, me dije, no por nada paso tomando cafecito a veces por acá, a verlo haciéndose el payasito al fregado. Así que de esa forma, le di la sorpresa al Negrito, que el mero día de su onomástico (!puchis, me eché la de domingo!), iba a ir a verles las canillas a las Rockettes.

Llegamos, casi con una hora de anticipación y una lamparoto-to-tota con cristales de Swarovski nos estaba esperando (¿qué dijiste, Chachi? ... ¿esperando? Ya no chupés, patoja). Es que según parece, esa famosa casa de joyas está patrocinando los 75 años del espectáculo. Y mientras, yo hacía cuentas de a cuántos niños podría darle de comer en Guatemala, con el precio de un sólo cristalito.
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Al entrar nos dieron un programa que adjunto llevaba unos lentes y una estrellita para encender en la obscuridad. Rapidito me guardé las cositas entre la bolsa para que no se me perdieran y poder enseñárselas a la mara cuando vaya por allá por donde yo.
Y empezó el show, muchá...así como en el Teatro Nacional de Guatemala, salió la orquesta del foso (como en ascensor, pues) y ahí cerquitita se miraban los del coro, vestidos de botones de hotel y de entrada....aparecieron las Rockettes vestidas de renos, al frente del trineo de Santa Claus. De repente dijo el Santa que nos pusiéramos los lentes de 3D... y dónde que me los encontraba yo. Todo nublado miraba. Al fin vi que se me habían caído y con la punta del zapato los alcancé. Púchica, pura contorsionista. Pero qué chulada, tal vez eso fue lo que más me gustó de todo: un recorrido a toda velocidad por Manhattan en el trineo y en tercera dimensión. Hasta me agarraba del brazo del Negrito en las vueltas...porque ya sentía que me caía. Algo mulita, yo. Pero lo chistoso era que el otro también me detenía.
En fin que vimos una variedad de bailes, niños volando, ositos saliendo de cajas de regalo y de plano, las Rockettes. Por ratos le echaba una miradita al Negrito y allí estaba con los ojos bien abiertotes, que a pesar que conseguí asientos bien cerca, creo que él hubiese querido tener ojos de aquellos lobos de caricatura, que se les saltan las pepitonas, con un sonido de bocina de trailer.
Y es que !Precioso bailan las muchachas, éstas! Salen con diferentes vestuarios y brincan, dan vueltas, se encaraman, bailan el Cancán y como siempre, hacen la línea del coro...! y a levantar la pata se ha dicho!. Además de que son bien bonitas, aún cuando el Negrito dijo que no eran tan piernudas como se miraban en la tele. Claro, ya en persona se ven más delgaditas.

Me gustó mucho que al finalizar, contaron la historia de la Estrella del Oriente y de los Reyes que atravesaron el desierto en busca del Niño. Y comenzaron a salir un montón de actores con trajes brillantes, capas y sombreros. !Ya vinieron los moros!, pensé...y ya sentía que por allí iba a aparecer LA MARIMBA DE CHILOLO (sí pues). Pero cuando vi 2 camellotes de verdad y un burrito, me dije, no vos !es el Circo Ponce!

Qué bonito, ustedes. Ver que al menos, no se olvidaron por quién es la celebración. El pesebre cerró con estrella brillante la noche de las Rockettes.

Durante todo el show, miraba a las bailarinas, a Santa y los actores y las lágrimas por ratos me empañaban la vista, pues se me revelaba una nena de trenzas y ojos grandes, que con botitas y abrazando un gato, caminaba por las calles enlodadas de la zona 6. Una nena que se reía a carcajada limpia y que siempre se mojaba la pancita cuando iba a tomar agua a los chorros (a pesar de que su mamá se lo tenía prohibido). Una nena, que contaba chistes y cantaba la canción de Don Pepirulando. Que siempre esperó la Barbie que nunca llegó, pero que le valía un soberno rábano. Lo alegre era sentarse en la baranda de su casa, a comer ricitos con una Naranjita o Fanta, todos los 25 de diciembre.

A través de los ojos de esa nena, también se reflejan los miles de niños guatemaltecos, que viven mucho, mucho más pobres y que anhelan algo mejor esta Navidad. Aún cuando ya hayan transcurrido más de 30 años, la vida en Chapinlandia no ha cambiado mucho.

Pero al mismo tiempo, siempre hay una esperanza, porque ¿quién me iba a decir a mí, cuando tenía sólo 6 ó 7 años, viviendo en una zona remota de la capital, con una vida entre terremotos, bombas terroristas y malas noticias por todos lados...que iba a estar esa noche en el Radio City Music Hall, viendo lo que ni de niña imaginé?...y hasta pudiendo invitar al Negris.


FELICIDADES MIS NIÑOS QUERIDOS...A LOS QUE SON TODAVÍA, MAS QUE TODO EN EL CORAZÓN.

Este Post fue publicado también en Prensa Libre de Guatemala y en Long Island Al Día, en diciembre de 2007.
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Foto CHC.

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22 diciembre 2006

! HAPPY BIRTHDAY JESUSITO, HAPPY BIRTHDAY TO YOU !

Muchá, hoy no quiero escribir mucho. Sólamente quiero decirles que aunque uno le ande buscando el modo a la Navidad por rumbos extranjeros, no hay como mi Guatemala para pasarla bien de a sombrero.
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Qué re jodidos me importa a mí que el árbol de Rockefeller Center sea el más grande del mundo. O que los centros comerciales estén todos adornados en gran lujo, o que vendan todo a precio de quemazón; o que aquí sí tal vez, caiga nieve, o que a como sea, termina uno haciendo tamales.
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No muchis, aquí no hay tuc-tuc-tac-tuc-tuc, ni se oyen las coheterías, ni a las 12:00, ni al medio día, ni mucho menos a las 6:00. Ni hay el catizumbo de vecinos a quienes irle a dar un abrazo. Aquí no hay nacimientos de aserrín, ni canchinflines, ni árbol Gallo, ni cuates con quienes ir a parrandear después de la media noche.
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Aquí no hay olor a manzanilla, ni cordoncillo pa´l ponche, ni la probadera de tamales de toda la mara, con unos buenos pirujos; ni sal Andrews para tomarse al día siguiente. Qué tu gusano de pino, mucho menos de ese despenicado que se le enreda a uno en las patas. Ni hojas de pacaya, ni limas de chichita.
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Aquí si uno no se la hace más o menos alegre, la pasa como cualquier día. Y sería así, si nos resignáramos a pensar que se está en otro país y que no hay mucho por hacer, para sentirse verdaderamente en casa. Pero lo que nos mantiene alegre el corazón aquí lejos de Chapinlandia, es que celebramos un año más de que, una noche friíta y solitaria, como estas que pasamos por acá, vino al mundo un rey, un amigo, un hermano, una esperanza: El mismo Dios, hecho niño.
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Y vino para que nunca estemos tristes y sepamos que con él, la vida es bella y no hay nada que temer. Pensemos que no nació entre lujos, ni nos vino a enseñar que tenemos que tener lo último en tecnología antes de que se petatee el año: sí pues el Wii, el teléfono chocolate o el plasma. Ni a decirnos que hay que darle a los hijos el regalo más caro y de moda. No muchá.
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Si no hay Nacimiento con pino y manzanilla, hagámoslo en nuestro corazón, pero de a deveras, ustedes. Pidámosle al Chusito que le dé paz a Guatemala y a todo el mundo. Levantemos el ánimo y celebremos con alegría, el cumpleños de Jesús y démosle un regalito, el que más anhela de nosotros: nuestro corazón lleno de amor.
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Así que muchis, no nos olvidemos de quién es realmente la fiesta y ya dejémonos de culecadas. A reír y a bailar, aunque sea con la escoba, porque llegó la Navidad.
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Bueno, al menos yo tengo a mi Negrito para no bailar con el trapeador. Pero no se ahueven muchá, si se sienten solitos. Diosito nació para todos y está con cada uno de nosotros. Y si le abrimos las puertas de nuestras vidas, se queda para siempre.
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!!!FELICIDADES!!!
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¿Alguien sabe por qué fregados, los chapines cantamos el "Feliz Cumpleaños" in english?
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Foto de ventas de imágenes del niño Dios: Cvander www.guate360.com

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20 diciembre 2006

UN ARBOL DE NAVIDAD NO SE REGATELLA

Qué chula la navidad ¿verdad?. Yo sé que algunos nos ponemos más melancólicos que otros en estas fechas y, más, con esa musiquita con campanitas, que de tan bonita que es, ya aburre de lo mucho que la ponen en las radios y en las tiendas. Siempre que la oigo, me recuerdo de aquellos programas gringos que daban antes, con letreritos en español, donde salían los Osmond, Julie Andrews y otros famosos, cantando entre la nieve. Y nosotros, ni la conocíamos, pero nos la imaginábamos.
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Pero para que esta musiquita no los llegue a poner, ni bravos, porque no alcanza el pisto, ni tristes por estar lejos de la tierrita, o moqueando ya de bolos, porque ya empezaron a darle al chiricutazo; y antes de que nos graduemos por treintésima vez de charas en esta navidad, déjenme que les cuente esta mi aventura "navi-arbolaria" (ya navi-disco, pues).

Cuando era chiquita recuerdo que algunas veces pusimos de árbol de navidad, el legendario chirivisco plateado, que después de algunos días de estar en la sala, todo el que entraba a la casa, salía en onda por el olorcito a spray.
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Luego, me cansé de que mi papá todas las navidades fuera a tusear el pino del jardín, para cortarle una triste rama toda aguada. Por eso, hace algunos años, un amigo muy querido me acompañó al Mercado Central de Guate, a comprar un arbolito de Navidad diferente. Empezaban a ponerse más de moda esos de ramitas de Pinabete, que ahora creo, son prohibidos.

Como buena chapina de clase trabajadora, no tenía mucho pisto para comprar uno de esos caros; para ser mas clara, no tenía suficiente para uno medio pasable, mucho menos para uno grandotote.
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Sin embargo, me enamoré de uno bien chilerito, tupido y grande. ¡Ah! Ese arbolito me hacía ojitos. Yo me lo imaginaba en la sala de mi casa, lleno de moñitas, luces intermitentes, bricho y hasta chicles de ficha. Claro, al pie un bonito nacimiento, con un niño Dios de barro, aunque fuera de esos, que parece que les dio derrame facial de tan feos que los hacen. Ya ni gracia tienen los chinautlecos.

El asunto es que mi amigo y yo nos acercamos al vendedor y le preguntamos por el precio:
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-Cincuenta queczales- nos dijo muy serio.
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En ese entonces esa cantidad era elevada, aunque sabía que el bello arbolito lo valía, porque estaba bien hecho. Pero logró que mi monedero brincara del susto.

Entonces me dice mi amigo:
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-Vos, digámosle que treinta le damos y si nos dice que no, le decimos, “ah, entonces no lo llevamos". Caminamos un poquito y ya vas a ver que nos regresa, para dárnoslo así.
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– Si, ¿verdad vos?- le dije yo emocionada.

Dicho y hecho. Le llegamos al marchante muy seguros y le ofrecimos los treinta varitos, pero nos dijo:
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- ¡NO! así no sale, sólo en cincuenta, aunque me regatelle-. Ya mascado el hombre.

Nosotros le dijimos:
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- Ta' bueno, pues. Pero así no lo queremos.
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Dimos la vuelta y comenzamos a caminar, esperando que en cualquier momento, el vendedor nos dijera resignado, “llévenselo, pues”. Mi cuate hasta me levantaba las cejas y me enseñaba la lengua, para que estuviera pilas para echarnos el regresón cuando nos dijera que nos lo lleváramos a nuestro precio.

Pero para no cansarlos, seguimos caminando, llegamos hasta la otra punta del mercado y el marchante no nos regresó para vender el arbolito, por lo que mejor nos agarró gran mate de risa.

Volví a los puestos, un tanto chiviada, busqué uno más chiquito y me lo llevé por mis 30 quetzalitos. El vendedor del árbol bonito me miraba, así como queriéndose reír también, pero para nada dio su brazo a torcer, el muy fregadazo. Yo creo que estuvo bueno.
Todos debemos valorar bien nuestro trabajo, cuando está bien hecho y requiere de tanto tiempo.
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Lástima que no tenía para comprarlo y me quedé con las ganas. Otro con más pisto, puso un arbolón en su casa esa navidad. Ni modo. Bueno, al menos no me tocó entrar en onda con un chiriviscazo.
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Todo sea por celebrarle su cumpleaños al Chusito, ¿verdad muchis?
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Feliz Navidad, mis amigos y amigas, que no estén tristes, sino muy alegres. Ya no oigan a Andy Williams, ni a la Julie Andrews, ni la canción de "Amarga Navidad", mucho menos al Buki y su "Navidad sin ti", que sólamente les van a servir para echarse una su chillada.
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Mejor, como decía entre otras cosas, en aquel e-mail, nuestro amigo el pintor: En lugar de estar deseando lo mismo de siempre, les deseo que de una vez por todas, ¡SE SAQUEN LA PUÑETERA LOTERIA !
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Y para los se estén preguntando por qué no puse Nacimiento, aquí les mando este link, para que lo armen ustedes mismos. Me lo enviaron desde Venezuela, don David González y Sra.
http://www.croire.bayardweb.com/croire/creche/Creche.htm Se recuerdan de darle "animer", después de armarlo, para que vean qué chulada.
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Feliz Navidad a todos y todas, que Diosito los bendiga. Saludos a mi J.C. que fue quien me acompañó a echarme la regateada y después me llevó a la camioneta. Y el árbol se fue arriba.
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15 diciembre 2006

FOQUITOS Y TAMALITOS BRILLANTES

Qué feo es estar lejos de la tierra en estas fiestas de fin de año y no poder comerse unos tamalitos con todas las de la ley. Más de algún ingrediente hace falta, empezando por la masita de Nixtamal, que se cuece con leñita y se lleva al molino, para que quede al gusto de uno. No con la famosa Maseca, que yo creo que le pusieron así, por ser "más seca", porque las tortillas quedan como caites cuando se enfrían.
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Siguiendo con lo de la carencia de las hojas de Mashán o de Sal (o sea las grandotas de rollo), que les dan ese olorcito tan nuestro.
¡Ayyyy, qué rico!

Aquí en los Yunáis, ni por remedio se consiguen los tamales 100% chapines los sábados. Ya vas, ¿verdad?... Buscando farolitos colorados en Wall Street. Pero todos sabemos que hay que tener cuidado con esos foquitos.
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Un sábado de tantos, allá en Guatemala, andábamos con mi hermana en un pueblito buscando tamales. En eso vimos un foco rojo y aquella se estacionó; yo me bajé corriendito, hasta con una mi bolsita para comprar tamalitos; es que cargábamos un hambre de la fregada.

Entré en una puertita y me pareció raro que había un mostrador de esos de madera; salió una señora con la boca más roja que el foco y me dijo:

- ¿Qué pasó?
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Yo, sin percatarme mucho, le pregunté, algo apurada:
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- ¿A cómo tienen los tamales?
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- Aquí no vendemos tamales, sólo guaro - me contestó.
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Yo salí de allí bola, pero de la risa; tanto, que no podía contarle a mi hermana lo que me había pasado, porque como estaba oscuro, ni siquiera vi que afuera de la supuesta "tamalería", había un montón de cuates tirados. Y a la par otra puerta con una cortinita. Vaya digan que no fui allí a preguntar por tamales, porque capaz que me contestaban que vendían, pero sólo la carne.

Cuando era pequeña, una vez, no recuerdo a quién, le pregunté qué significaba cuando afuera de las casas esas, donde se oía una rockola, ponían un foco rojo. Me contestaron algo así como que quiere decir que ahí hay mujeres. Con esa respuesta, imaginé que a esas cantinas también entraban mujeres a chupar. Muchos años después, supe que no era precisamenta así.
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Pero siguiendo con la onda de los tamaleques y, con eso de las carreras de fin de año, me acuerdo de una amiga allá en Guate, que se puso a hacer sus respectivos tamales de Navidad; pero a ella sí que le gustaba echarse los cutillos. Y yo digo que entre recado, hojas y farolazo, se le fueron las pulseras entre la masa de los tamales y no se dio cuenta. Cuando vino a reaccionar, ya había regalado tamales a diestra y siniestra. Muy confiada, nos llamó a todos para recomendarnos que si alguno encontraba sus joyas en algún tamal, le avisáramos. Lástima que a mí no me salió nada, porque yo sí se las hubiera devuelto. Lo malo es que a saber a cuál ventajoso le salió premio en los tamales y se cayó la bocota. Ese sí que tuvo su sabadito alegre.

Bueno, eso pasa por confundir los foquitos también. Aquella unió los de Navidad con los del guaro y los tamales. Por eso, terminó regalándolos con adornitos brillantes y todo.

Les cuento que yo aquí en los Niuyores hice tamalitos el año pasado, aunque no con hoja de sal, sino sólo con hojas de plátano y papel aluminio. ¡Qué tu zibaque! A la familia suramericana, les pareció cosa rara, porque por allá en el cono sur, no mucho le hacen a eso. Pero bien que se los pasaron. Y lo que me dio risa fue que los agarraron no como plato principal, sino como acompañante, estilo pan.
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Tanto les gustaron que para Año Nuevo querían que hiciera más. ¡Mi Hue...huetenango! les dije yo. Si vieran cómo me cansé haciendo la tamaleada, porque ninguno me ayudó. Es que ese trabajito sí que es cansado: La cocida de la masa, la tostada de la pepitoria y el ajonjolí, el recadito, la envulta, y solita yo. No, está jodido hacer muchos.

Este año voy a hacer otra vez, pero ya me ofrecieron ayudita (más les vale). Y por allí me preguntaron si hacía unos para vender. Pero no vayan a creer que voy a poner farolito, porque los gringuitos pueden creer que es la nariz de Rudolph, o lo que es peor, alguna venta de juguetes eróticos. O para más joder, algún chapín mal parado por allí, puede venir a tocarme la puerta para pedirme un su octavito.

Por si acaso los que van a comer mis tamales, piensan que los míos van a ir con regalito de navidad de oro y diamantes, como los de mi cuata, pues se fregaron, porque no. Pero si insisten y los quieren con brillitos, me avisan, porque así les meto un poco de bricho y arreglada la cosa.

¡Que les salgan ricos, pues muchá! ¡Y que coman tamales, de aquí hasta el 6 de enero!
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Les invito a ver esta preparación de cena mexicana de Navidad, con huevos. Allí no hay nada chapín, pero sí muchos cutos y está para morirse de risa. Sólo hagan click en http://www.zumpango.net/uploads/Poetacena.swf

Si alguien tiene una buena receta de paches, a ver si me hace favor de pasármela.
La foto es de un pache, no encontré tamal. Les recomiendo que vean las fotos diarias de Antigua. Todos los días publican una:
http://antiguadailyphoto.com/

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